Debate por clonación llega a Washington
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Hubo, no obstante, una lección en el extraño interludio raeliano: que una afirmación tan endeble pueda provocar tamaña reacción pública pone de relieve nuestra intranquilidad acerca del tema. Esa es razón suficiente para que el Congreso se ocupe de la clonación.
«Probablemente reunimos algunos votos» con las victorias republicanas en las elecciones de otoño, dice Mary Cannon, directora ejecutiva de Stop Human Cloning.
Algunos partidarios de la clonación para investigación, como Max Cleland de Georgia y Strom Thurmond de Carolina del Sur, fueron reemplazados por senadores que se oponen a la clonación.
El nuevo líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist de Tennessee, es a la vez médico y opositor a la clonación para investigación.
• Intolerable
Los opositores a la clonación siguen careciendo de los votos que precisan para una prohibición general, dice Cannon. Lo más probable es que el estancamiento perdure, incluso aunque ambas partes del debate opinan que el statu quo es intolerable. «Hubo indignación pública por los raelianos», dice Kevin Wilson, de la Sociedad Estadounidense para la biología genética, que apoya la clonación con fines de investigación, «¿pero se da cuenta la gente de que lo que afirman los raelianos -clonar un bebé- es legal en Estados Unidos actualmente? Y es legal porque el Congreso no actúa». «El Senado podría aprobar una prohibición a la clonación reproductiva mañana. El presidente podría sancionarla para el fin de la se-mana. Pero no sucederá, por razones políticas», agregó.
Más precisamente no sucederá porque los partidarios de una prohibición general no apoyarán una prohibición parcial que abarque solamente la clonación reproductiva. Para ellos, la distinción entre clonación «reproductiva» y de «investigación» es una ficción de relaciones públicas. En ambos casos el procedimiento es idéntico, la única diferencia está en los usos que se les dará a los embriones clonados: pueden llegar a ser bebés o pueden ser destruidos durante la investigación.
A veces el campo de la política y el científico se cruzan, y otras se chocan. Cuando eso ocurre, corresponde a los políticos decidir qué hacer... Les guste o no.




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