Filadelfia - Hillary Clinton no cabía ayer en sí de gozo tras su victoria en Pensilvania,que para ella reivindica sus argumentos para seguir en la carrera por ser la candidata demócrata hacia la Casa Blanca. Pero la opinión mayoritaria sigue siendo que lo único que hizo fue prolongar aún más la agonía.
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«Teóricamente, la carrera demócrata debería estar ya terminada. En realidad, continuará hasta la náusea, quizá hasta el final en la convención de Denver, dejando marcado al eventual ganador, desacreditando al perdedor y proporcionando todo tipo de material de campaña para (el candidato republicano) John McCain», escribió ayer el periodista Michael Putney en una columna en «The Miami Herald» titulada: «¿Hay un final para esta carrera?».
Incluso «The New York Times», que hace ya más de dos meses pidió el voto para ella, se olvidó ayer de sutilezas en un editorial. «Los votantes se están cansando; se está degradando el proceso político; no funciona. Ya pasó el momento de que la senadora Hillary Rodham Clinton reconozca que la negatividad, de la que ella es principalmente responsable, no hace sino dañarla a ella, a su oponente, a su partido y a las elecciones de 2008.»
Bloqueo
Como se preveía, Pensilvania no resolvió nada. Ni Barack Obama ganó para cerrar la lucha ni Clinton logró una aplastante victoria que voltease el curso de la carrera. Los diez puntos porcentuales de ventaja en favor de la ex primera dama (55 a 45%) dejan la lucha tan bloqueada como estaba. «La victoria de Clinton no hace mucho en favor de sus opciones», tituló ayer su análisis el diario «Los Angeles Times».
El senador Obama sigue liderando en el recuento de delegados (1.699 contra 1.545, sobre un total de 2.025 requeridos, según Associated Press). También en el voto popular, pero su ventaja no es suficiente para sentenciar la lucha. Al mismo tiempo, es casi imposible matemáticamente que Clinton lo supere en ambos aspectosen las nueve citas que quedan. Pero en contra de la lógica de los números, la senadora se aferra a su fama de luchadora hasta el final en busca de una quimera: convencer a los «superdelegados» que aún no respaldaron a ningún aspirante para que desdeñen el voto de millones de demócratas y la elijan a ella como la candidata (en ese ítem, Hillary va adelante con 264 contra 234 de su rival, en tanto 231 siguen indecisos).
«La gente quiere realmente que continúe y vaya a los siguientes estados, porque creen que yo sería la mejor presidenta. Y muchos demócratas piensan, como vimos en Pensilvania, que yo sería la candidata más fuerte ante el senador McCain», aseguró ayer Clinton en una entrevista con la cadena de televisión Fox News.
«No creemos que esto vaya a ser simplementeun asunto numérico. Cuando lleguemos a esos días después del 3 de junio, creemos que la elección real será quién demostró ser el mejor candidato», plasmó la filosofía en palabras Geoff Garin, el jefe de estrategia de la ex primera dama, en «The Washington Post».
La estrategia de Clinton está funcionando, pero sólo en parte. Explotando cada resquicio en las palabras de Obama está consiguiendo desviar al senador por Illinois de su mensaje de «esperanza» y «cambio» hacia una guerra de trincheras. «Los anuncios negativos (de Clinton) hicieron un poco de daño», reconoció el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que apoya a Obama. Además, Clinton cuenta con su poder dentro del «establishment» del partido: a muy pocas personas más se les permitiría continuar una lucha fratricida que, según muchas voces, está dañando las opciones de triunfar en noviembre ante el candidato republicano.
«Mientras siga logrando victorias como la del martes, los dirigentes demócratas van a tener difícil justificar ante ella que es el momento de abandonar», escribió «The New York Times». Pero al mismo tiempo, Obama está sabiendo aguantar lo suficiente para no cometer ningún error de gran envergadura que pueda cambiar drásticamente el curso de la película. El candidato de 46 años tiene además una fundamental ventaja: el dinero. Mientras su cuenta bancaria sigue boyante, la de Clinton pasa por constantes apuros.
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