Washington (ANSA) - Casi un millar de milicianos talibanes y de Al-Qaeda murieron asfixiados dentro de contenedores en los que eran trasladados a una cárcel, después de la caída en noviembre de la localidad de Kunduz, por la Alianza del Norte, el grupo aliado de Estados Unidos. La información aparecerá publicada hoy en el semanario «Newsweek» bajo el título «La caravana de la muerte en Afganistán», anticipó ayer la publicación.
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Según el testimonio contenido en un «memorándum confidencial» de la ONU al que tuvo acceso la revista, el número de prisioneros muertos había alcanzado a 960.
Varias organizaciones humanitarias y Naciones Unidas están informadas de la masacre, adjudicándole la responsabilidad a los hombres de Adbel Rashid Dostum, dirigente de origen uzbeko y cabecilla de uno de los principales grupos armados del país. Según la publicación, estas muertes masivas de prisioneros fueron silenciadas por las tropas aliadas debido a que actuaban en conjunto con los grupos responsabilizados por la acción para tomar Kabul y para enfrentar a Al-Qaeda.
«Newsweek» reconstruyó el descubrimiento de una fosa común en Dasht-e-Leili, una localidad cercana a la cárcel de Shebergan. Según la revista, en ese lugar fueron enterrados los prisioneros que murieron asfixiados durante el viaje desde Kunduz, hacinados en contenedores. Las indagaciones sobre la existencia de esta fosa común se iniciaron en diciembre, asegura la publicación, cuando de la tierra comenzaron a aflorar algunos cuerpos. Aziz ur Rahman Razekhm, director de la Organización Afgana por los Derechos Humanos, confirmó a «Newsweek» que en la fosa común de Dasht-e-Leili podrían encontrarse «centenares de muertos».
Según el informe reservado de Naciones Unidas al que tuvo acceso el semanario, la atrocidad perpetrada en el norte de Afganistán por los aliados de Occidente justifica «una investigación por crímenes de guerra». Pero al mismo tiempo, en el informe reservado se recomendaba, «en vista de la extrema delicadeza del caso», esperar hasta la caída del régimen talibán y un avance en general de la llamada «guerra contra el terrorismo».
El semanario recuerda que junto con las milicias de la Alianza del Norte operaban también asesores militares de las fuerzas especiales aliadas, que colaboraron con la ofensiva sobre el reducto de Kunduz, en manos de los talibanes.
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