Argel y Riad (AFP, Reuters, ANSA, La Vanguardia) - Diversos operativos en Argelia, Pakistán y Arabia Saudita lograron, durante el fin de semana, acabar con la vida de los principales líderes de Al-Qaeda en esos países. El ejército de Argelia confirmó ayer la muerte de Nabil Saharoui, jefe del Grupo Salafita para la Predicación y el Combate (GSPC), brazo de Al-Qaeda en el país del norte africano, tras haber bombardeado la región montañosa de Akfadou, 260 kilómetros al este de Argelia. El golpe en Argelia afectó seriamente al extremismo radical de matriz islamista porque decapitó a la dirección nacional del GSPC, ya que, además de su jefe Saharoui, murieron tres de sus principales lugartenientes y un número impreciso de seguidores. El resultado del operativo provocó alivio en ciertos sectores, entre otras cosas, porque días atrás Saharoui había firmado una «declaración de muerte» contra los extranjeros de Argelia, en un texto que apareció por Internet.
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El GSPC fue fundado en 1998 a instancias de Osama bin Laden por Hassan Hattab, pero luego Saharoui le arrebató el mando en una especie de golpe de Estado interno. El hombre podría haber caído en una trampa por una delación a los servicios de inteligencia del propio Hattab, según una fuente que pidió no ser identificada.
Saharoui fue jefe de un grupo de más de 200 hombres del GIA, Grupo Islámico Armado, responsable de las horrendas masacres de civiles que en los años '90 provocaron más de 150 mil muertes. En 1998 llegó al GSPC, nacidode una escisión del GIA, y en 2003, anunciósu alineamiento con la organización Al-Qaeda. De 38 años, profesor universitario, reclutó a terroristas del mundo árabe y los entrenó en campos de adiestramiento en Afganistán.
Su muerte se suma a la de Abdulaziz Al Muqrin, líder de la organización de Bin Laden en la Península Arábiga, que fue asesinado el sábado, después de que fuera decapitado el ingeniero estadounidense Paul Marshall Johnson. En Pakistán, el ejército del país asesinó horas más tarde al jeque Nek Mohammed en una de las mayores operaciones militares contra los refugios de ese grupo en su frontera con Afganistán.
En Arabia Saudita, la dinastía gobernante, considerada aliada férrea de la Casa Blanca desde hace décadas, se vio sometida en los últimos tiempos a cuestionamientos incluso del Departamento de Estado norteamericano. Tras diversos atentados contra extranjeros, se puso el acento en las supuestas conexiones con la red de Osama bin Laden. La dinastía gobernante celebró la muerte de Al Muqrim como un gran triunfo, y ayer exhibió el cadáver del supuesto terrorista.
Sin embargo, Al-Qaeda advirtió en su sitio de Internet que continuará su Yihad en Arabia Saudita. Muqrin murió «después de haber preparado hombres sinceros entre los combatientes para sucederlo y llevar adelante la Yihad», indicó la organización, cuyo accionar amenaza al principal productor de petróleo del mundo.
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