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Gracias a información proporcionada por un científico iraquí que trabajó durante 10 años en esos programas, los expertos descubrieron enterrados en la arena precursores de un agente tóxico prohibido por las convenciones de armas químicas, informó la enviada especial del Times, Judith Miller.
La periodista pudo seguir las investigaciones realizadas por los militares norteamericanos.
Miller precisó que no fue autorizada a identificar los precursores hallados ni a entrevistar al científico iraquí, y que debió esperar tres días antes de publicar la información, que debió someter a la censura previa militar.
Precisó que el ejército estadounidense insistió en estas precauciones para proteger la seguridad del científico iraquí y evitar la revelación de su identidad con detalles del programa en el que trabajaba.
Por otra parte, el científico iraquí reveló que cuatro días antes del ultimátum de 48 horas lanzado el 17 de marzo por el presidente estadounidense George W. Bush al presidente iraquí Saddam Hussein para que abandonara el poder, responsables iraquíes habían incendiado un depósito que ocultaba un laboratorio de investigación de armas biológicas.
También confió que varios meses antes del lanzamiento de la ofensiva militar estadounidense, los miembros del régimen de Saddam Hussein habían enterrado precursores químicos y otros productos sensibles para disimular su existencia y preservarlos para el futuro.
Siempre según los militares estadounidenses, el científico afirmó que a mediados del último decenio Irak había enviado secretamente a Siria armas y tecnología no convencionales, y que más recientemente Bagdad había cooperado con la red terrorista Al Qaeda de Osama bin Laden.
La Casa Blanca fue informada el pasado viernes de estos descubrimientos, precisaron los expertos militares a la periodista, y le indicaron que los precursores hallados eran hasta el momento el mayor descubrimiento realizado en la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak.
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