30 de enero 2020 - 00:00

Disputas comerciales minan la alianza entre Reino Unido y EE.UU. a un día del brexit

Londres confió el desarrollo de parte de las nuevas redes de 5G a la china Huawei, a quien Washington acusa de espionaje. El secretario de Estado norteamericano viajó ayer y reclamó el fin del trato.

LLANTO. Algunos diputados del parlamento europeo se emocionaron al confirmar la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Fue la primera vez que un país abandona la alianza desde su creación, en 1993.

LLANTO. Algunos diputados del parlamento europeo se emocionaron al confirmar la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Fue la primera vez que un país abandona la alianza desde su creación, en 1993.

Londres - El Reino Unido espera negociar un amplio acuerdo de libre comercio con Estados Unidos tras el brexit, que se oficializará mañana, pero varias disputas espinosas, como la reciente decisión del premier Boris Johnson de autorizar la participación limitada de la empresa china Huawei en las redes de 5G, podrían poner palos en la rueda.

Huawei no estará implicada en las partes centrales sensibles de la red, sino en infraestructuras menos importantes, con un rol en el mercado limitado al 35%.

Londres tomó esta decisión a pesar de las fuertes presiones de las autoridades estadounidenses sobre Europa y en particular de su máximo aliado en la región. Washington alega los estrechos vínculos de Huawei con el Gobierno chino y el riesgo de espionaje, que el gigante asiático siempre ha negado.

Johnson prefirió priorizar los intereses británicos, ya que los operadores de telecomunicaciones nacionales lo impulsan a trabajar con el grupo chino ante el riesgo de que se retrase el desarrollo de la red 5G y se vuelva más costosa.

El secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo llegó ayer a Londres, donde hoy se reunirá con Johnson, antes de proseguir viaje hacia Kiev, donde mantendrá conversaciones con el presidente Volodimir Zelenski, mientras en el Senado estadounidense prosigue el juicio político contra Donald Trump por el caso ucraniano (ver pág 19).

En el avión que lo transportaba, dijo a los periodistas que viajaban con él sobre Huawei: “Nuestra opinión es que deberíamos tener sistemas occidentales con reglas occidentales y la información estadounidense sólo debería pasar a través de una red de confianza. Nos aseguraremos de hacerlo”.

Entre las otras manzanas de la discordia que enfrenta a Londres y Washington destaca el proyecto británico de imponer un impuesto a los gigantes digitales estadounidenses, apodados GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple).

A pesar de las advertencias estadounidenses, el ministro de Finanzas británico Sajid Javid aseguró la semana pasada en el Foro de Davos que su país aplicará el impuesto a partir del mes de abril tal como está previsto.

“Es un impuesto proporcionado y concebido de manera deliberada como un impuesto temporario. Desaparecerá una vez que haya una solución internacional”, dijo Javid.

La cuestión debería volver rápidamente a la mesa de negociaciones del acuerdo de libre intercambio con Donald Trump, que ha hecho del comercio uno de los principales puntas de lanza de su política internacional e insiste en que un impuesto de ese tipo es “discriminatorio”.

Para cerrar un acuerdo con Estados Unidos, el Reino Unido podría tener que aceptar la importación de productos con normas alimentarias mucho menos protectoras para la salud y el medio ambiente que las de la Unión Europea.

De todos modos, el Gobierno ha trazado una línea roja tanto para el “pollo con cloro” como para la carne tratada con hormonas, y advirtió que ambos no estarán incluidos en un acuerdo con Washington.

La ministra de Medio Ambiente Theresa Villiers aseguró en enero que se mantendrán las trabas a la importación para esos productos: “Defenderemos nuestros intereses nacionales y nuestros valores, entre ellas las estrictas normas sobre el bienestar animal”, prometió, presionada por los agricultores británicos.

Incluso si el Reino Unido desea finalmente importar esos productos estadounidenses, le será imposible luego enviarlos a la Unión Europea.

Durante la campaña electoral de las legislativas de diciembre, el Partido Laborista, principal fuerza de la oposición, acusó a Boris Johnson de negociar en secreto con Estados Unidos para abrir el servicio público de salud NHS a las poderosas empresas farmacéuticas estadounidenses en el marco de un acuerdo comercial posbrexit.

Esta posible privatización de una parte del NHS fue desmentida por los conservadores, que denunciaron una absurdidad alimentada por las teorías del complot”.

Hay que ver si el NHS vuelve a la mesa de negociaciones, pero Estados Unidos ha calmado las aguas, en particular el presidente Trump durante su visita al Reino Unido a fines de 2019.

“Incluso si nos lo traen en una bandeja de plata, no queremos tener nada que ver con eso”, declaró en ese momento.

Las diferencias sobre el acuerdo nuclear con Irán, abandonado por Washington, y la denuncia de un fiscal estadounidense de que el príncipe Andrés, hijo de la reina Isabel II, no coopera con una investigación del FBI sobre el difunto pederasta Jeffrey Epstein contribuyen a la tensión.

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