Divorcio selló el "jueves negro" del presidente francés
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En esta
fotografía del
16 de mayo,
el presidente
Sarkozy besa
a su mujer
Cécilia tras
asumir su
cargo. La
presencia de
la primera
dama en ese
acto disipó
-momentáneamentelos
rumores
de separación.
Cahen precisó que Louis, de diez años, vivirá con su madre pero mantendrá «contactos muy estrechos» con su padre, en virtud de la patria potestad compartida prevista por el acuerdo de divorcio. La confirmación del divorcio puso fin a la situación surrealista que imperaba desde hace dos semanas, con los repetidos «sin comentarios» del portavoz del Elíseo a las preguntas sobre los rumores ensordecedores del inminente anuncio de la ruptura.
Desde el pasado 14 de julio, Nicolas y Cécilia Sarkozy no han aparecido juntos en público en Francia.
Los rumores de ruptura eran alimentados por las repetidas y espectaculares ausencias de la más rebelde de las primeras damas en actos oficiales desde entonces: no acudió a un almuerzo con los Bush en Estados Unidos en agosto y en octubre tampoco acompañó a su marido a Bulgaria, que quería homenajearla por su papel en la liberación de las enfermeras búlgaras en Libia en julio.
El anuncio oficial, cuando Sarkozy viajó a Lisboa para la cumbre europea, se produjo en un «jueves negro» en los transportes públicos por la huelga convocada por los sindicatos, en el primer test para Sarkozy y su gobierno conservador en el ámbito social desde su llegada al poder.
Unidos desde hacía 20 años, casados en 1996 y separados en 2005 -ella vivió una relación extraconyugal con un publicista, con el que fue fotografiada en Nueva York, y él la tuvo con una periodista-, la pareja exhibió su reconciliación ante las cámaras en 2006, cuando se calentaba la campaña de las elecciones presidenciales.
El 6 de mayo Cécilia no votó y apareció finalmente por la noche, con mala cara, en el festejo de victoria.
Diez días después, la bisnieta del compositor español Isaac Albeniz protagonizó con los cinco hijos de esa familia recompuesta una entrada digna de estrellas de cine por la alfombra roja del Elíseo para la toma de posesión de su marido.
El beso en la boca que él le dio tras la ceremonia hizo correr mucha tinta, pero la reticencia de la flamante primera dama, vestida de Prada, a las muestras de cariño prodigadas era visible.
Cécilia, de la que el jefe de Estado confesó en julio que era su «única preocupación», había dicho en 2005: «¿Convertirme en primera dama? Eso me parece nada. No entro en el molde».
Lo dijo quien acompañó y apoyó a Nicolas Sarkozy en su carrera política y, abiertamente o entre bastidores, ejerció una gran influencia. Se dice que algunos miembros del gobierno le deben su puesto, y que otros fueron apartados porque ella se oponía.
Allegados de la pareja aseguraron que Sarkozy está «afectado en lo hondo de su ser», pero que el divorcio no tendrá «impacto en su misión».




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