De los diez cargos que pesaban sobre él, Walker Lindh reconoció sólo el de haber «ayudado a los talibanes» (el décimo cargo) y, además, admitió haber «transportado un explosivo cometiendo un delito», un cargo que no figuraba en la acusación inicial.
Al término del compromiso, nueve de cargos relativos a actividad terrorista y a un complot para matar ciudadanos estadounidenses fueron levantados.
El joven admitió que «voluntaria y deliberadamente» violó una ley estadounidense al armarse con un fusil de asalto Kalashnikov y dos granadas mientras combatía en filas talibanes.
Con 21 años, Walker enfrenta 20 años de prisión, a los que se suman seis años de libertad condicional, así como una multa por medio millón de dólares. La sentencia será pronunciada el 4 de octubre próximo.
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