El carnaval del mundo ya tiene nueva campeona
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El grupo de percusionistas de la "escuela" ganadora, Unidos da Tijuca, fue liderado por la Adriane Galisteu, una presentadora de TV quien tiene cuatro meses de embarazo.
Las escuelas, que suponen una salida anual para muchas de las más empobrecidas áreas marginales de Río de Janeiro, a menudo tienen elementos dramáticos, convirtiendo a la experiencia en su conjunto en una mezcla entre Disney World y una ópera italiana.
"Es un espectáculo que tiene mucha cultura, mucha historia y un poco de teatro. Me dan escalofríos, es un sentimiento muy fuerte, muy agradable", dijo Amanda Souza, de 24 años, mientras esperaba un desfile en el sambódromo de Río la noche del domingo.
Las fiestas en las calles de Río continuaban el miércoles, con juerguistas tratando de disfrutar hasta el último minuto.
Con nombres estrafalarios como "Axilas de Cristo" y "No te muevas, porque apesta", las comparsas han aumentado en popularidad en años recientes como una alternativa a los planificados desfiles.
Aunque mujeres casi desnudas, vestidas con pequeños biquinis, se han convertido en la imagen icónica del Carnaval de Río de Janeiro, ése es sólo un pequeño aspecto de los elaborados carros que le dan trabajo y alegría a miles de personas cada año.
"Sin carnaval no creo que pueda vivir", dijo Luiz Paulo, de 22 años, mientras esperaba para desfilar.
Las canciones de samba que acompañan a cada desfile hablan de temas sociales, héroes nacionales del pasado y momentos importantes de la historia brasileña o mundial.
Una escuela este año celebró los 50 años de Brasilia, la capital del país. La escuela Beija Flor, de colores blanco y azul, comenzó su desfile con un carro con el que representó a la icónica catedral de Brasilia, cantando "Brasilia: la capital de la esperanza".
Otro grupo abrió su desfile rosa y verde con una confrontación simulada entre la policía y convictos para mostrar cómo la música, que era su tema este año, fue una fuerza liberadora para el país durante su período bajo dictadura militar, entre 1964 y 1985.
Una espectadora dijo que el carnaval le ayuda a superar algunos de sus miedos en una ciudad que sufre de episodios de violencia frecuentemente y de confrontaciones entre la policía y narcotraficantes.
"Olvidamos nuestros problemas. Adquirimos la valentía para caminar por las calles", dijo Inaura dos Santos Martins, de 58 años, que acude al sambódromo cada año.




