Washington (EFE, Reuters) - La Casa Blanca teme que las audiencias de Enron que comienzan esta semana en el Congreso centren la atención del país y, para evitarlo, quiere aprovechar el discurso del Estado de la Unión que el presidente George W. Bush pronunciará el martes 29.
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Los principales asesores de Bush quieren que el presidente aproveche la oportunidad que le brinda este discurso -que se pronuncia anualmente ante las dos Cámaras del Congreso y es transmitido a la nación en hora de máxima audiencia- para orientar su política hacia los asuntos internos del país. Después de más de cuatro meses concentrado casi exclusivamente en la guerra contra el terrorismo y en la seguridad del país, Bush reiterará la necesidad de mantenerse vigilante ante la amenaza terrorista y de continuar la guerra en curso, pero reclamará la ayuda del Congreso para superar la actual crisis económica.
En este contexto, los asesores tendrán que valorar muy cuidadosamente cómo trata el presidente la quiebra de Enron, que día a día adquiere dimensiones de escándalo con ramificaciones casi infinitas.
En opinión de Joe Lockhart -ex portavoz de la Casa Blanca de Bill Clinton y experto en el manejo informativo y control de los daños que los escándalos infringen a la presidencia- por el momento, la sensación que está dando la Casa Blanca es que «hay algo que esconder». Eso es, por supuesto, lo que según el último sondeo de la cadena de televisión CBS opina también 63% de los estadounidenses que diariamente desayunan con alguna «novedad» del caso Enron.
El primero en entrar en materia será el Comité de Asuntos Gubernamentales del Senado que, el mismo jueves, analizará si los responsables de las agencias federales podrían haber hecho algo más para prevenir la quiebra de esta empresa que ha dejado miles de afectados, algunos completamente arruinados. El comité analizará también los posibles conflictos de intereses entre los directores, los auditores y los bancos involucrados en el escándalo. De cualquier forma, algunos analistas consideran que, dada la profundidad que las ramificaciones políticas del escándalo Enron tiene tanto entre republicanos como entre demócratas, es previsible que el Congreso investigue el tema pero no intente echar mucha más leña a un fuego que podría arrasar por igual en los dos bandos.
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