Como salidos de un argumento de García Márquez, los familiares de Hugo Chávez podrían también vestirse el ropaje de los personajes de Mario Puzo, creador de los Corleones en «El Padrino». La enviada especial de este diario a Venezuela desentraña en el informe que se brinda hoy lo que llaman por allá «La chavera», santuario provincial que ha generado no sólo al extravagante presidente sino a otros ocho parientes que ocupan cargos en su gobierno. Uno de ellos, encima, presume de ser el sucesor del actual mandatario en una nueva etapa de la revolución bolivariana. El informe aporta también detalles de la pasión intelectual del bolivariano, quien se entrega en largas trasnochadas a la lectura de los autores más diversos que se pueda imaginar.
Parecía invencible Hugo Chávez. Hasta el referéndum del 2 de diciembre de 2007, cuando fue derrotado por el «No» a su reforma constitucional. Impensable: estaba mejor que nunca, con el precio del petróleo por las nubes, liderando -a cambio de auxilios económicos-un bloque regional, se permitía desafiar a USA y, en esa batalla, aliarse a Irán o a las FARC. Pero la caja tampoco garantiza la estabilidad en los cargos (aunque, claro, resuelve otros problemas).
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Pocos conocían al teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías antes del 4 de febrero de 1992, cuando fracasó el golpe militar que él y Francisco Javier Arias Cárdenas encabezaron contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Ese día, antes de comenzar un período de dos años de cárcel, Chávez dio un discurso político, breve (eran otros tiempos), en el que identificó a su movimiento con el «mensaje bolivariano», reconoció su derrota, asumió que los objetivos de la asonada no fueron logrados y cerró su alocución con un «por ahora». Un Fidel Castro más caribeño después del fracaso de Moncada. Había nacido el político, también una esperanza para sectores desencantados de Venezuela, asqueados con la decadencia de los partidos políticos, los demócratas cristianos y lo «adecos». Durante unos años, el carismático Chávez se dedicó a recorrer el país, se entusiasmó con Fidel Castro en La Habana, reforzó su Movimiento Quinta República (MVR), al que apoyaban militantes de izquierda como Luis Miquilena y José Vicente Rangel y correligionarios del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), los militares Jesús Urdaneta Alvarez y Raúl Baduel. Su proyecto político se basó, entonces, en la necesidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que «refundara la República», para rompercon una alternancia en el poder del COPEI y la Acción Democrática.
En las elecciones de fines de 1998, con su «Polo Patriótico», conformado por el Movimiento Quinta República (MVR), Movimiento al Socialismo (MAS),Partido Comunista de Venezuela (PCV) y Patria Para Todos (PPT) obtuvo 56,5% de los votos. Por primera vez, un militar, nacido en 1954 en Barinas, hijo de maestros de la escuela primaria, con sangre africana mezclada con india, llegaba al poder. Y lo hacía después de 10 años del Caracazo, una inolvidable pueblada sangrienta. Después se elevó como un rayo, impuso su sello, se salvó temblando de un golpe de estado, recuperó vía las urnas un poder aplastante. Le compraban todo en su tierra: menos, claro, la perpetuidad en el poder que imaginó con una reforma a la Constitución. Desde entonces, se descascara, su frente interno se desgaja, ha comenzado otra página en la historia de ese convulsionado país. Lo que sigue es un brochazo sobre el entorno familiar de Chávez, casi una novela montaraz y poco conocida.
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