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14 de enero 2009 - 00:00

El gobierno de Bush reconoció por primera vez torturas en Guantánamo

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Foto de archivo donde dos guardias de la prisión de Guantánamo trasladan a un detenido.
A sólo unos días de que George W. Bush abandone la Casa Blanca, el presidente más polémico en las últimas décadas recibió una mala noticia: por primera vez una de sus funcionarias calificó de "tortura" algunas de las técnicas interrogatorias usadas en la prisión de Guantánamo.

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Durante años, Bush resistió las condenas internacionales, e incluso las presiones internas, con una frase: "Estados Unidos no tortura". En una entrevista publicada hoy por "The Washington Post", sin embargo, la responsable de la presentación de cargos contra los detenidos en Guantánamo lo contradijo abiertamente.

Susan J. Crawford dijo al rotativo que decidió no presentar acusación contra el saudí Mohammed al Qahtani tras comprobar que había sido sometido a tortura durante el interrogatorio.

"Nosotros (Estados Unidos) torturamos a Qahtani", sentenció Crawford en entrevista con el diario.

El propio Bush había insistido sólo un día antes, en una entrevista con la cadena de televisión CNN, en que todo fue legal y autorizado. "Yo estoy cómodo con lo que hicimos y sé que era necesario para proteger el país", afirmó el presidente, que dejará de serlo el martes. "Todo lo que hicimos fue..., sabe, tenía opiniones legales para respaldarlo".

La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, lo reiteró hoy al conocer las revelaciones de Crawford: "Diré en público una vez más, que nunca fue política de este presidente o de esta administración torturar".

Crawford dijo que Al Qahtani, quien supuestamente participó en los preparativos de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, durante un largo tiempo fue mantenido incomunicado, sometido a privación del sueño y expuesto a temperaturas muy bajas, por lo que su vida llegó a correr peligro.

"Las técnicas que se utilizaron estaban todas autorizadas, pero la manera en que fueron aplicadas fue excesivamente agresiva y demasiado persistente", confesó la funcionaria.

Explicó que debido a los efectos de esos métodos sobre la salud del detenido, ella llegó a la conclusión de que se trataba de un caso de tortura.

Además, Crawford dijo que Al Qahtani fue amenazado con un perro militar y que el preso fue obligado a ponerse ropa interior femenina y a comportarse como un perro adiestrado para el circo.

"Éste no fue un acto particular, fue simplemente una combinación de cosas que tuvieron un impacto médico en él, que dañaron su salud. Fue abusivo e innecesario. Y coercitivo.

Claramente coercitivo. Fue ese impacto médico lo que me hizo cruzar la línea" para llamarlo tortura, afirmó.

Al Qahtani, que sigue detenido en Guantánamo, estaba llamado a ser el "secuestrador número 20" de los aviones que los terroristas estrellaron contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington. Un mes antes de los atentados, sin embargo, fue rechazado en la aduana estadounidense por un agente de inmigración.

En mayo de 2008, Crawford decidió no presentar cargos contra Al Qahtani, en contra de la petición oficial del gobierno estadounidense. En cambio, sí lo hizo contra los otros cinco acusados, Jalid Sheij Mohammed, Ramzu Bin al-Shibh, Ali Abd al-Aziz Ali, Mustafa Ahmed al-Hawsawi y Walid Bin Attash, para los que pidió la pena de muerte.

Según documentos conocidos en el pasado, Qahtani tuvo que ser hospitalizado en dos ocasiones en Guantánamo porque el ritmo de su corazón bajó a niveles altamente peligrosos. En una ocasión descendió hasta las 35 pulsaciones por minuto.

A pesar de su decisión, Crawford, que se define como republicana, se mostró convencida de la culpabilidad de Al Qahtani. "No tengo dudas de que habría estado en uno de esos aviones si hubiera accedido al país en agosto de 2001".

Crawford reconoció que decidir qué hacer con Al Qahtani es complicado. "Es un hombre muy peligroso. ¿Que hacemos con él si no lo procesamos y juzgamos? Yo tendría dudas en decir 'déjenlo marchar'".

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