1 de abril 2005 - 00:00

El hombre que precipitó la libertad en Europa comunista

Ciudad del Vaticano - Venerado por algunos, criticado por otros, el papa Juan Pablo II es quizá la persona más reconocida del mundo.

Durante más de un cuarto de siglo, el Papa ha sido al mismo tiempo el paladín de los oprimidos y el defensor de la ortodoxia dentro de la Iglesia Católica. En los últimos meses, el mundo vio decaer en forma rápida la salud del Pontífice, quien sufre de mal de Parkinson y de una artritis severa.

Ultimamente, Juan Pablo II no ha podido pronunciar sus mensajes reavivando el temor de más de 1.000 millones de fieles de todo el mundo de que uno de los pontificados más relevantes de la historia esté llegando a su fin.

El papa polaco entró en la escena mundial el 16 de octubre de 1978, cuando el cónclave cardenalicio lo eligió como el primer pontífice no italiano en cuatro siglos y medio.

Juan Pablo II, el papa con el tercer pontificado más prolongado de la historia, guió a la Iglesia al nuevo milenio a pesar de su minada salud.

Varios historiadores dicen que uno de sus legados más duraderos será su importante papel en la caída del comunismo en Europa Oriental desde 1989.

• Respaldo

Los polacos creen que su inagotable respaldo al sindicato clandestino Solidaridad, mientras los comunistas trataban de acallarlo, fue una potente fuerza que mantuvo vivo al movimiento.

Solidaridad formó en Polonia el primer gobierno no comunista del bloque oriental en 1989, lo que marcó
el comienzo de una ola de libertad que vio a los regímenes marxistas caer en un efecto dominó en toda Europa.

«La noche ha pasado, hay un nuevo amanecer»
, dijo el Papa durante una visita triunfal a Checoslovaquia en 1990.

Una década después de contemplar la caída del comunismo, el Pontífice logró otro de sus sueños. Visitó Tierra Santa en marzo de 2000 y, rezando en el Muro de los Lamentos de Jerusalén, pidió perdón por los pecados católicos contra los judíos en toda la historia.

Viajero infatigable que recorrió 1,25 millón de kilómetros en 104 viajes que cubrieron unos 130 países, el Papa es una figura familiar en todo el mundo. Ha atraído multitudes de hasta cuatro millones de personas.

Se mostró decidido a usar su papado para llamar la atención sobre la suerte de los necesitados y oprimidos del mundo, manteniendo al mismo tiempo un rumbo conservador en la Iglesia.

«Hablo en nombre de los que no tienen voz», dijo en un viaje a Africa en 1980.

Para el Papa, entre los que no tienen voz están los nonatos y los disidentes que se pudren en las cárceles.

Se ha sentido a gusto exponiendo sus teorías -tanto a dictadores de izquierda como de derecha, así como a las democracias del mundo- de que el capitalismo y la globalización sin freno no son la panacea del mundo posterior a la Guerra Fría.

Gran defensor de los derechos humanos y de la libertad religiosa, han sido frecuentes sus llamados a la creación de un «nuevo orden económico mundial» y a garantizar los derechos de los trabajadores.

Infatigable defensor de la paz y del desarme nuclear, ha advertido a menudo que la humanidad se encamina hacia su destrucción, y en 2003 encabezó la campaña del Vaticano contra la guerra de Irak.

En su juventud fue actor y escribió varias obras de teatro y como Papa ha hecho buen empleo de sus cualidades, incluido su conocimiento de varias lenguas, para poder comunicarse con otras figuras mundiales.

• Unidad

Juan Pablo II ha sido el primer papa que predicó en una iglesia protestante en una sinagoga, el primero que pisó una mezquita y un incansable defensor de la unidad de los cristianos.

Pero, irónicamente, en sus 25 años pontificado ha sido también fuente fuertes divisiones en su propia Iglesia.

Muchos católicos, particularmente los países desarrollados, no han seguido sus enseñanzas contrarias al uso de anticonceptivos, dicen que no les importaría mucho que se ordenasen mujeres como sacerdotes
y algunos querrían sucesor más liberal.

Juan Pablo II no se ha visto desalentado por las protestas contra sus posturas. Preocupado porque muchos católicos se han apartado de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia,
mantuvo una batalla constante contra el aborto, los anticonceptivos, el sexo prematrimonial, el divorcio, la homosexualidad y la ruptura de los valores de la familia.

De Haití a Estados Unidos, de Brasil a Australia, ha revivido los valores católicos conservadores y ha recomendado la obediencia a la jerarquía católica ante el peligro de disidencias.

Teólogos liberales lo han acusado de ejercer demasiado poder, pero el Papa dijo en una ocasión:
«La doctrina de la Iglesia no pude basarse en la opinión pública».

Ha nombrado a más de 95% de los cardenales que entrarán en el cónclave que nombrará a su sucesor, y se cree que el elegido no se apartará demasiado de sus enseñanzas.

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