2 de mayo 2008 - 00:00

El laborismo sufrió su peor derrota en 40 años

El primer ministro británico, Gordon Brown
El primer ministro británico, Gordon Brown
El Partido Laborista del primer ministro británico, Gordon Brown, sufrió su peor derrota en los últimos 40 años en las elecciones municipales celebradas el jueves en Inglaterra y Gales.

Este revés podría ser aún más humillante si más tarde en el día de hoy se confirman los pronósticos sobre una victoria conservadora en la contienda por el ayuntamiento de Londres.

Los primeros resultados del conteo electoral apuntaban que el conservador Boris Johnson, periodista y miembro del Parlamento, aventajaba ligeramente al laborista izquierdista Ken Livingstone, quien se desempeñó en el cargo durante los últimos ocho años.

Brown reconoció hoy que su Partido Laborista vivió una "noche mala" y calificó de "decepcionante" el desempeño de la agrupación gobernante en las elecciones municipales.

Los resultados finales mostraron este viernes que los laboristas perdieron 331 mandatos en los 159 distritos electorales en Inglaterra y Gales, mientras que los conservadores ganaron 259 y los liberales incrementaron su presencia en 34 escaños.

Además los resultados también confirmaron los pronósticos de la BBC, según los cuales el laborismo quedó como tercera fuerza política.

La proyección nacional de la votación para los laboristas cayó al 24 por ciento, frente al 44 por ciento de los conservadores y 25 de los liberaldemócratas.

No obstante, Brown prometió guiar el laborismo por "tiempos difíciles" y "aprender las lecciones" para "ir hacia adelante".

En tanto, David Cameron, líder del opositor Partido Conservador, dijo exultante que las elecciones han sido para su agrupación un "momento muy grande" en el camino hacia la recuperación del poder. Sin embargo, el resultado electoral no sólo fue, a su juicio, "un voto contra Gordon Brown y su gobierno", sino más bien una "prueba de la confianza" de la población en el Partido Conservador.

Los comicios eran considerados como un importante "test" para medir el apoyo a Brown, que sucedió en junio del año pasado a Tony Blair al frente del gobierno británico.

Los analistas políticos coinciden en que los resultados de las elecciones suponen un veredicto devastador sobre los diez meses que Brown lleva en el poder, período durante el cual ha sido acusado de indecisión y de ejercer un liderazgo débil.

Y si, como se pronostica ampliamente, los conservadores triunfan en arrebatarle Londres a Livingstone, su victoria y la humillación laborista serían completas, indicaron los observadores.

El premier culpó del mal resultado de las elecciones a las "difíciles condiciones económicas" y explicó que "el liderazgo no es sometido a prueba en un período de éxito, sino en circunstancias difíciles".

La vicepresidenta del Partido Laborista, Harriet Harman, reconoció que los resultados son "muy decepcionantes". Ahora, el partido gobernante debe analizar claramente "qué es lo que la gente realmente quiso expresar con sus votos", afirmó Harman.

La dirigente laborista admitió que en la derrota de su partido influyó "la preocupación de la gente por su situación económica" en estos tiempos difíciles. Sólo poco antes de las elecciones, Brown había abandonado sus controvertidos planes de eliminar desgravaciones fiscales para la mayoría de los asalariados.

A diferencia de Harman, el ministro de Relaciones Exteriores, David Miliband, restó importancia al revés electoral laborista, al considerar previsible la pérdida de votos para el partido en el gobierno a mitad de la actual legislatura.

Por su parte, el líder del Partido Laborista, Geoffrey Hoon, aseguró que "no hay crisis" y que el resultado de las elecciones "no afectará la estabilidad fundamental del gobierno".

De momento todavía no está en absoluto claro cuándo se celebrarán las elecciones parlamentarias. Como primer ministro, Brown puede aplazar la convocatoria a los comicios hasta comienzos de 2010.

Pero en vista de la actual derrota en las elecciones municipales, los analistas políticos estiman que habrá disputas en torno al desempeño del cargo del cada vez más impopular premier.

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