13 de junio 2002 - 00:00

El nuevo muro de Jerusalén

El maquinista de la grúa levanta un tabique de hormigón de 10 m y lo encaja en una larga hilera de bloques idénticos. Como los demás israelíes que trabajan en la construcción de este muro de más de 3 km, no sólo lleva casco sino también un chaleco antibalas. A unos 90 m están las afueras de Qalqilya, un pueblo palestino. Para los militantes que viven entre los 25.000 habitantes de Qalqilya, los obreros se presentan como atractivos blancos para sus armas automáticas.Y lo mismo ocurrirá con los miles de israelíes que transitarán diariamente por aquí, por la futura autopista Trans-Israel, la cual bordeará, cuando sea inaugurada a fines de este mes, la Línea Verde que separa Israel de Cisjordania. Es por eso precisamente que se está construyendo el muro, para tapar la línea de tiro entre las casas de las afueras de Qalqilya y la autopista.

Para los israelíes, este antiestético muro nace de una desagradable necesidad. Es un componente más del amplio plan que el primer ministro Ariel Sharon aprobó la semana pasada para tratar de mantener a raya al terrorismo. El gobierno planea construir una barrera a lo largo del sector de la línea verde por donde ha cruzado a Israel la mayoría de los atacantes suicidas y provistos con bombas durante los 20 meses de la intifada palestina. Es una medida costosa: cada kilómetro de barrera, de los 120 previstos, cuesta 1 millón de dólares y tiene también fuertes derivaciones políticas pues exige fijar una línea de demarcación entre israelíes y palestinos que ningún gobierno israelí ha estado dispuesto a trazar hasta ahora. Pero Sharon, quien durante mucho tiempo se opuso a erigir semejante barrera, se ha visto obligado a ceder ante quienes le exigen al gobierno que adopte alguna medida drástica para proteger a los civiles de los ataques terroristas. Estas exigencias se volvieron casi un grito la semana pasada, cuando un coche bomba mató a 17 israelíes al detonar 82 kg de explosivos al lado de un autobús, en el norte de Israel. «Tenemos que detener el asesinato de israelíes», dice un alto cargo del Ministerio de Defensa. «Eso es lo único que nos importa».

Aunque la barrera no tiene como propóito delinear la frontera de un futuro estado palestino, muchos israelíes están preocupados porque pueda llegar a serlo.

Particularmente consternados por este asunto están los colonos israelíes de Cisjordania, que viven al otro lado de la barrera. También va a construirse un muro que cruzará por el medio de Jerusalén, lo que algunos isaelíes temen que signifique un paso hacia la división de la ciudad en un posterior acuerdo de paz. A los palestinos tampoco les gusta el muro, porque abre la posibilidad de que Israel pueda cerrar un día las puertas y renunciar a las negociaciones de paz, dejando al pueblo palestino aislado tras el alambre de púas. Si la barrera transformara en permanente los cierres periódicos actuales de la línea verde, la economía palestina se perjudicaría gravemente por la pérdida del comercio y de oportunidades de trabajo en Israel.

No obstante, parece que los altos cargos israelíes en materia de seguridad confían en que el telón tenga repercusiones positivas. «Con esta barrera seremos capaces de detener 100% de las infiltraciones terroristas», afirma el general de brigada Israel Yitzchak, que dirige la unidad de la policía fronteriza responsable de vigilar la línea de demarcación entre Israel y Cisjordania. La barrera construida en 1994 alrededor de toda la Franja de Gaza ha demostrado ser eficaz. Según Avi Dichter, jefe del Shin Bet, el organismo de seguridad interior de Israel, desde el comienzo de la actual intifada no se ha infiltrado en Israel ni un solo terrorista suicida con bombas desde la Franja de Gaza. La nueva barrera, al menos en principio, no encerrará por completo a Cisjordania, pero hará mucho más difícil el paso de los palestinos desde los pueblos considerados hervideros de descontento militante en el norte cisjordano a la populosa región costera de Israel.

Los terroristas no pueden rodear con facilidad la barrera, porque los puestos de vigilancia de los soldados israelíes controlan todos los desplazamientos por Cisjordania. Se prevé que la primera fase de la barrera sea terminada para dentro de ocho meses o un año. Según aseguran altos funcionarios del Ministerio de Defensa, para entonces, el gobierno ya habrá aprobado fondos para acordonar el resto de Cisjordania.

La mayor parte de la barrera se construirá con alambre, pero en un par de lugares se levantará un muro, como el de la autopista en Qalqilya. Los planificadores israelíes calculan que el alcance eficaz de los fusiles Kalashnikov que llevan muchos tiradores palestinos es de unos 450 m. Donde haya viviendas israelíes próximas a viviendas o campos de labranza palestinos, los muros de hormigón bloquearán las líneas de tiro, o bien se hará que la barrera penetre más en Cisjordania. Uno de estos puntos está en Kokhav Yair, una población israelí situada junto a la Línea Verde. A sólo unos metros de la línea de demarcación está la residencia del jefe de estado mayor del ejército de Israel, el teniente general Shaul Mofaz. En lugar de situar la barrera al lado de la residencia de Mofaz, los planificadores han desplazado la línea de la barrera unos 450 m. Esto obligará a los palestinos de los alrededores de Falamah a cruzar por un puesto de control de la barrera para llegar a sus campos al otro lado de la calle donde vive Mofaz.

• Carga política

La demarcación de una línea que atraviese Jerusalén es aún más complicada. La idea aparece cargada políticamente, dado el compromiso de los sucesivos gobiernos que proclamaron el lema acerca de una Jerusalén indivisa, como la «eterna capital de Israel». Asimismo, se presentan problemas prácticos. Por una parte, el mito de que la población de Jerusalén Este es completamente árabe no es correcta. Alrededor de 35% de la superficie de Jerusalén Este se ha convertido en una zona de barrios de israelíes desde que Israel conquistó la zona en la guerra de 1967. Es imposible trazar una línea a través de la ciudad sin dejar a mucha gente en el lado equivocado. Por esa razón, las autoridades israelíes aún no han determinado por dónde podría construirse el muro de Jerusalén, aunque está previsto que las obras comiencen el mes próximo.

Los palestinos y algunos israelíes dicen que acordonar Jerusalén Este sólo servirá para radicalizar a sus habitantes, los cuales hasta ahora no han intervenido demasiado en la violencia de la intifada. Hoy día, la vida de los palestinos de Jerusalén es relativamente fácil. Pueden ir y venir a sus anchas por dicha ciudad, y aprovechar todas las posibilidades educativas, médicas, recreativas y laborales que ésta les brinda, pero algunos palestinos aseguran que, si quedaran encerrados en la parte oriental de la ciudad, menos desarrollada, los habitantes árabes de Jerusalén podrían empezar a comportarse como sus parientes de Cisjordania, llevando la violencia a la ciudad.

Dejá tu comentario

Te puede interesar