2 de diciembre 2003 - 00:00

El oscuro legado de la "revolución"

Caracas (enviada especial) -No sólo Hugo Chávez se juega su futuro en las mesas donde hasta ayer se recolectaron firmas para activar un referéndum revocatorio en su contra. También se dirime el respaldo a su mentada «revolución bolivariana» que ostenta índices por nada alentadores y que en rigor para muchos venezolanos no es más que un ejercicio retórico.

Desde el oficialismo atribuyen buena parte de la mala performance económica al golpe de abril de 2002 y a la megahuelga empresarial y sindical de diciembre de 2002 a febrero de 2003. Pero analistas económicos coinciden en que «la crisis ya estaba instalada y la protesta sólo terminó por agudizarla».

A casi cinco años de su llegada al poder, la radiografía de Venezuela muestra por caso que el desempleo estaba en 11% a fines de 1998 y escaló de 14% en 2001 a 16,7% en 2002 (año del golpe de Estado y del inicio del paro opositor), mientras que hoy 48,2% de la población vive en niveles de pobreza crítica.

Otro dato demostrativo de la sesión chavista es la evolución del Producto Bruto Interno, que acumula dos años consecutivos de caída
(9% en 2002, y 14% en lo que va de este año). En relación con este escenario, se destaca el alto grado de inseguridad, que pone a Caracas como la tercera ciudad con más homicidios de América latina, detrás de Medellín (Colombia) y Recife (Brasil).

Según el vicepresidente editorial del diario «El Nacional» -de marcado sesgo opositor-, Argenis Martínez, «
Venezuela atraviesa la peor recesión de los últimos 40 años, con la etapa de mayores ingresos petroleros de su vida».

Pero desde el gobierno aseguran que el desempleo escaló a 20% por la « desestabilización opositora» -con un paro petrolero de dos meses que provocó pérdidas al país por u$s 10 mil millones-, y que lograron ahora bajarlo a 16,6%.

En el caso del PBI, desde el gubernamental Palacio de Miraflores esgrimen que la predicción para 2004 es de una suba de 7%.

Chávez mostró tras su accesoal poder niveles de respaldo popular de cerca de 80%. Pero hoy ese aval cayó
a 35% ( aunque desde el oficialismo hablan de 50%), centrado en la población marginal y desposeída, no la clase obrera.

Los observadores entienden que
la falta de resultados palpables en relación con la profusa promesa de cambio agrietó su base de sustento. «Tiene a los ricos en su contra y perdió la clase media -la aterrorizó con un discurso revolucionario infantil-y la clase obrera», afirmó Teodoro Petkoff, ex ministro de Planificación de Rafael Caldera y director del periódico «Tal Cual».

Según Petkoff, «lo
único que hubo es un desalojo de una elite que nos gobernó durante medio siglo -los socialdemócratas Acción Democrática (AD) y el democristiano Comité de Organización Política Electoral Independiente ( COPEI)-, por otra elite gobernante».

Pero los chavistas defienden su carácter revolucionario. Para el vicepresidente venezolano, José Rangel, se trata de «la creación de una economía social, que algunos llaman populismo».

No es la visión del secretario general de la poderosa Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Manuel Cova, quien aseguró que Chávez «prometía mejor democracia, mayor justicia social y detener la exclusión, pero tenemos el doble de desempleo y la inseguridad casi se triplicó».

El esfuerzo gestual de Chávez alcanza a la relación con EE.UU.
A pesar de su retórica antinorteamericana y su sintonía con Cuba, Irak y Libia -que llevaron a la Casa Blanca a no condenar el golpe que encabezó Pedro Carmona en 2002- Venezuela sigue firme como tercer vendedor de petróleo al gigante del Norte.

En rigor, pese a los roces, desde la Embajada de EE.UU. en Venezuela -según trascendiócreen que «a
Chávez hay que juzgarlo por lo que hace y no por lo que dice».

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