El Papa presidió el Vía Crucis y recordó a los cristianos perseguidos
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Durante las catorce estaciones del Vía Crucis, se leyeron las meditaciones escritas por el cardenal arzobispo de Hong Kong, Joseph Zen Ze-Kium, referidas a esos pasajes del calvario de Cristo.
En la meditación de la primera estación, se señaló que "en tantas partes del mundo la Esposa de Cristo (la Iglesia) está atravesando la hora tenebrosa de la persecución".
Asimismo, se hizo una referencia a la carta que Benedicto XVI escribió el año pasado a los Católicos en China.
A lo largo de las estaciones, las meditaciones, leídas por diversos fieles, hicieron referencia a diversas etapas de la Pasión de Jesús, entre ellas el momento en que fue juzgado por Poncio Pilatos, que es "la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la Justicia".
Además se pidió a Jesús que ilumine "la conciencia de tantas personas constituidas en autoridad, para que reconozcan la inocencia de tus seguidores. Dales el valor de respetar la libertad religiosa".
Los mártires fueron recordados en la decimotercera estación, que evoca la muerte de Jesús en la Cruz, cuya meditación indicaba que éstos "dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día".
En el tradicional Via Crucis los católicos conmemoran las etapas que Jesús de Nazaret hizo desde su oración en el Huerto de los Olivos hasta el monte del Gólgota, donde fue crucificado.
A lo largo ritual, la cruz fue portada por Ruini, y posteriormente por una monja de Burkina Faso, una familia de la diócesis de Roma, una mujer en silla de ruedas, un grupo de religiosos de la Custodia de Tierra Santa, de Asia, y una joven china.
El Via Crucis transcurrió por el anfiteatro Flavio, donde una cruz recuerda la memoria de los primeros cristianos perseguidos por Roma, continuó por delante del Arco de Trajano y concluyó en la colina del Palatino.
El Vía Crucis del Coliseo romano fue instaurado en 1741 por el papa Benedicto XIV y tras decenas de años de olvido, en 1925 volvió a celebrarse. En 1964, el papa Pablo VI acudió al Coliseo para presidir el rito y, desde entonces, todos los años acude el sucesor de Pedro.




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