¿El principio del fin para Hillary?
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Incluso en la propia campaña de la ex primera dama se empiezan a ver las primeras fisuras. «Esto lo perdimos en febrero. Ahora estamos haciendo todo lo posible... Pero es una batalla cuesta arriba», citó ayer a «The Washington Post» un asesor de Clinton.
En febrero fue cuando Obama encadenó 13 victorias consecutivas y tomó un liderazgo en delegados y votos que aún no soltó. Según la web especializada «RealClearPolitics.com», Obama suma ya 1.845 delegados, 152 más que Clinton y a menos de 200 de los 2.025 necesarios para asegurarse la nominación en la convención que el partido celebrará en Denver a fines de agosto.
En esas circunstancias, la esperanza a la que parece aferrarse Clinton es que el partido acepte las primarias de Florida y Michigan, castigadas en principio por adelantar sus citas sin permiso. Con ello Clinton no sólo recortaría la ventaja de Obama (ganó ambas, aunque en Michigan Obama ni siquiera se presentó y en Florida no hubo campaña), sino que estiraría hasta los 2.209 delegados el número necesario para certificar la nominación. La solución, que varios medios y analistas califican abiertamente de «cambiar las reglas sobre la marcha» o directamente «trampa», aparece como altamente improbable. El presidente del partido, Howard Dean, quiere que Florida y Michigan estén en la convención para no perjudicar las opciones demócratas en las elecciones, pero dejó claro que se encontrará una fórmula que no perjudique a ninguno de los candidatos.
Todo parece estar en su contra, pero ése es el ambiente en que mejor se mueve Clinton, que siempre se preció de ser «una luchadora». Si en la noche del martes aseguró que desde ahora el lema es «a toda velocidad hasta la Casa Blanca», ayer anunció un préstamo de 6,4 millones de dólares a su propia campaña para poder competir en las seis citas que quedan hasta que el 3 de junio se acabe el proceso.
En su campaña, al menos en público, también insisten en que a Clinton tendrán que expulsarla, porque ella no se irá por mucho que le muestren la puerta. «Los expertos ya descartaron alegremente a la senadora Clinton con anterioridad, y todas las veces se equivocaron, porque ellos no deciden esta carrera, sino los votantes», dijo Howard Wolfson, director de comunicación de Clinton, al diario «The New York Times».




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