ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

2 de octubre 2007 - 00:00

El separatismo, acechanza que se suma

ver más
Quito - Entre los ciudadanos que hacían la cola para votar en la ciudad de Guayaquil, había uno que llamó la atención de los gendarmes. El hombre portaba una bandera con dos bandas rojas en diagonal, sobre un campo azul. Con gentileza, uno de los agentes le pidió que entregara el pabellón, ya que los actos proselitistas están prohibidos. Sólo que en este caso no se sabía de qué clase de proselitismo se trataba, pues nadie había visto antes la bandera de los separatistas de Guayaquil.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

En esta localidad costera ha surgido un fenómeno similar, aunque en menor escala, al que se presencia en Bolivia, donde junto con la elección de la Asamblea Constituyente y el diseño -trabado hasta hoy- de una nueva carta magna se acrecentaron las tendencias separatistas en los departamentos orientales, sobre todo en el de Santa Cruz.

A pocos días de que los ecuatorianos dieran inicio a su propio proceso de reforma constitucional, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, salió con proclamas que parecían copiadas del acta independentista de Santa Cruz.

Dijo Nebot que los guayaquileños «podrían no acatar las decisiones que adopte una Asamblea Constituyente dominada por el régimen centralista del presidente Rafael Correa».

Con esta enunciación, que tomó por sorpresa al gobierno en Quito, el edil del Partido Socialcristiano quiso decir dos cosas. Primero, que daba por sentado que los representantes de Correa constituirán mayoría en el organismo constitucionalista. Segundo, que Guayaquil posee una identidad distinta a la del resto de Ecuador. No bien se enteró de lo que había dicho su adversario, el jefe del Estado disparó su artillería: «Jamás permitiré que Guayaquil se separe de Ecuador».

Y en el mismo respiro acusó a Nebot «de hacerse el bravo» y de buscar la desestabilización del país, «que es el plan que siempre ha tenido la oligarquía de Guayaquil, como lo tiene la oligarquía de Santa Cruz».

  • Reminiscencias

    El paralelismo entre Ecuador y Bolivia estaba servido y activó los correspondientes anticuerpos. Correa recalcó que, por haber nacido en Guayaquil, él tiene sentimientos que lo atan a esa ciudad y señaló «que esas elites a las que Nebot representa creen que Guayaquil es su hacienda y la provincia de Guayas, su feudo».

    En su encendida defensa de la integración de la ciudad costera aparecían reminiscencias de los discursos del presidente boliviano, Evo Morales, contra los separatistas de su país.

    Correa también cuestionó a la prensa por no haber criticado a Nebot: «Ahí sí tenemos a un dictador, alguien que está haciendo tabla rasa de la ley y como lo único que supera su arrogancia es su ignorancia. El (Nebot) dice que quiere copiar el modelo de las autonomías de España. Y ante eso los periodistas callan».

    Indiferente a la ofensiva del mandatario, Nebot siguió con lo suyo y fue aún más lejos: recogió cerca de 400.000 firmas apoyando sus postulados, con lo cual la Asamblea Constituyente se vería obligada a realizar un referéndum que podría extenderse a toda la provincia de Guayas que cuenta con 3,3 millones de habitantes.

    La plataforma autonómica de Nebot contempla la preservación del modelo de libre mercado ( contrapuesto al modelo mixto que promueve Correa), cadena perpetua para los crímenes atroces y la penalización del aborto, entre otros temas.

    Joffre Campaña, diseñador del modelo autonómico de Guayaquil, precisó: «No estamos por la separación absoluta, pero si Correa quiere imponer un sistema centralista absorbente, la reacción no se hará esperar».

    Guayaquil es el puerto fluvial y marítimo más importante del país, donde llega 73% de las importaciones y de donde sale 47% de las exportaciones. En la ciudad también se despliega una gran actividad comercial e industrial.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias