En el inicio del juicio, Fritzl admitió incesto, pero rechazó la acusación de homicidio culposo
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El austríaco Josef Fritzl.
Fritzl había llegado al tribunal de Sankt Polten, 60 km al oeste de Viena, rodeado de seis policías y ocultando su rostro tras una gran carpeta azul.
Iba vestido con una chaqueta gris y se negó a responder a las preguntas lanzadas por un periodista de la televisión pública austríaca ORF, la única autorizada a grabar en la sala del tribunal.
En total, 95 periodistas -que representan a otros tantos medios de comunicación- estaban presentes en una sala abarrotada, mientras numerosos habitantes de Sankt Polten mostraban su descontento por la invasión mediática.
Muchos austríacos están indignados por el hecho de que este drama haya sido presentado en una parte de la prensa internacional como típico de una sociedad austríaca conservadora y adepta al secreto.
La jueza Andrea Humer, que preside las audiencias, que se prolongarán hasta el 20 de marzo, es una experta en materia de delitos sexuales. La magistrada, a la que asisten otros dos magistrados, declaró abierto el que ya fue calificado como "juicio del siglo".
Junto a Humer se encontraban el fiscal Christiane Burkheiser, los ocho componentes del jurado, el acusado y su abogado y los abogados de las víctimas, que se presentan como acusación civil.
Estas últimas no comparecerán en persona ante el tribunal. La declaración de la principal de ellas, Elisabeth, la hija de Fritzl que hoy tiene 42 años, fue grabada y las once horas de video se difundiarán por partes al tribunal en los próximo días.
Elisabeth y sus seis hijos, deseosos de escapar a los paparazzis, volvieron a refugiarse en la clínica psiquiátrica donde la familia residió desde que la tragedia saltó a la luz hasta finales de 2008.




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