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31 de diciembre 2007 - 00:00

En Pakistán sucede a Bhutto su hijo

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Nauderi, Pakistán (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) -El Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) eligió ayer como nuevo presidente al hijo de la ex primera ministra asesinada Benazir Bhutto. Bilawal, de 19 años, compartirá temporalmente sus funciones con su padre, Asif Ali Zardari, mientras que el actual vicepresidente de la formación, Makhdoom Amin Fahim, será candidato a encabezar el Ejecutivo tras las elecciones legislativas programadas para el 8 de enero, que corren riesgo de ser suspendidas.

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El comité central ejecutivo del PPP celebró su primera reunión desde el magnicidio, en la casa familiar de los Bhutto en Naudero, en la provincia suroriental de Sindh, a la que tanto el hijo como el viudo asistieron como «invitados especiales».

Bilawal fue el encargado de leer el testamento político de su madre en medio de las lágrimas de los miembros de la directiva, según las cadenas de televisión locales. La cúpula del partido aprobó a mano alzada las instrucciones que la propia dirigente había dejado por escrito.

  • Razones

  • El vicepresidente Fahim explicó que Bhutto había designado a su marido como sucesor en la presidencia, pero éste eligió a su vez al hijo de ambos. Finalmente, el bloque político estará dirigido por Zardari hasta que el joven finalice los estudios que acaba de comenzar en la Universidad de Oxford.

    Una de las razones para ello podrían ser las sombras en el pasado de Zardari, casado con Bhutto desde 1987. El hombre fue encarcelado durante ocho años corrupción y sus opositores están convencidos de que no es una figura política a tomar en serio debido a los numerosos procesos judiciales que tiene en su contra.

    Fundado en 1967 por el padre de la ex primera ministra, Zulfikar Ali Bhutto -a quien asesinaron una década después-, el PPP era el principal partido de oposición en el Parlamento saliente y tiene su principal apoyo en la provincia de Sindh. «Continuaré la lucha por la democracia», aseguró con voz firme Bilawal tras conocerse la decisión. «Mi madre siempre dijo que la democracia es la mejor venganza», añadió.

    Al igual que el PPP, un portavoz de la Liga Musulmana, liderada por el también ex primer ministro Nawaz Sharif, aseguró que la formación participará en los comicios generales del 8 de enero.

    Sin embargo, el partido que apoya al presidente paquistaní, Pervez Musharraf, suspendió su campaña electoral para las legislativas y aumentó así la posibilidad de que sean aplazadas.Es «más que probable» que la cita sea retrasada seis u ocho semanas, dijo Tariq Azim Khan, alto funcionario de la Liga Musulmana de Pakistán.

    Según trascendió, la Comisión Electoral mantendrá hoy una reunión de emergencia en la que se espera que se decida el calendario electoral tras el asesinato de la líder opositora.

    El crimen dejó un país paralizado e inmerso en la incertidumbre. «¿Quién fue? ¿Quién la mató?», dijo el joven Hafiz, repitiendo la pregunta que se hacen el resto de sus compatriotas. Para los miles de manifestantes que diariamente copan las calles en las principales ciudades, la respuesta está en el Gobierno y los sectores conservadores del Ejército que siempre detestaron al clan Bhutto.

    Los aliados de Al-Qaeda en Pakistán contribuyeron a aumentar las dudas al negar cualquier participación en el atentado y apuntar directamente a los servicios secretos locales. El comandante islámico Mehsud, atrincherado con sus hombres en las zonas tribales fronterizas con Afganistán, adornó su desmentido aludiendo a un supuesto código moral de su grupo: «No estoy implicado en este atentado. Lo niego rotundamente. Las tribus tienen sus propias costumbres y nosotros no atacamos a mujeres».

  • Acusación

    El partido de Bhutto fue aun más lejos al acusar directamente a Musharraf de no haber atendido sus peticiones de crear un cordón policial de refuerzo para proteger a su líder y de estar encubriendo la verdad con la manipulación de las pruebas. «Es una ofensa para la nación y para su familia», decía Sherry Rehman, portavoz del PPP, con el que Bhutto iba a tratar de ganar el tercer mandato de su carrera tras regresar del exilio.

    La indignación popular desbordó a la policía, que se ha visto obligada a pedir el refuerzo de hasta 16.000 soldados, después de que los manifestantes quemaran medio centenar de comisarías, 17 estaciones de tren, más de 600 autos y cientos de comercios.

    Ante estas presiones, Musharraf, el principal aliado de EE.UU. en la región, anunció que «considerará» la posibilidad de recurrir a una investigación internacional para esclarecer el asesinato, tras una conversación telefónica con el primer ministro británico Gordon Brown.
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