Castillejos, Marruecos - El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, prometió ayer “restablecer el orden” en el enclave de Ceuta, a donde llegaron unos 8.000 migrantes desde Marruecos, mayormente a nado, una cifra sin precedentes, con el telón de fondo de una agria disputa diplomática entre Madrid y Rabat.
Enfrenta a España y Marruecos una oleada sin precedentes de migrantes al enclave de Ceuta
La localidad, enclavada en territorio del país norafricano, ha sido por siglos controlada por Madrid. El trasfondo de la crisis está dado por la postura del Gobierno de Pedro Sánchez en torno a la soberanía sobre el Sahara Occidental.
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DRAMA EN LA PLAYA. La llegada de miles de migrantes a las costas de Ceuta provocó escenas de desafío y represión que involucraron a las fuerzas de seguridad de ese enclave español.
“Vamos a restablecer el orden en la ciudad y nuestras fronteras con la máxima celeridad”, aseveró en una breve alocución televisada Sánchez, quien ayer mismo visitó Ceuta y el otro enclave español al norte de Marruecos, Melilla.
“Esta llegada súbita de migrantes irregulares supone una grave crisis para España y también para Europa”, dijo Sánchez, en referencia a que Ceuta y Melilla son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África.
Si bien el flujo hacia Ceuta se ralentizó con el correr de las horas, cientos de marroquíes que lograron llegar al lado español seguían en la playa mientras las fuerzas de seguridad españolas, que mantenían apostados en el lugar vehículos blindados del Ejército, lanzaban gases lacrimógenos para disuadir a las personas de cruzar. La mitad de los 8.000 migrantes detectados fueron devueltos a Marruecos, se anunció.
La multitud que se había congregado cerca del puesto fronterizo fue dispersada y las personas regresaban al centro de la ciudad de Fnideq (Castillejos). Las fuerzas de seguridad marroquíes se desplegaron también tierra adentro para bloquear a posibles migrantes.
Esta crisis se produce en momentos de tensión diplomática entre España y Marruecos, una relación clave contra la inmigración irregular a territorio europeo.
Rabat se irritó luego de que el Gobierno español decidiera, en abril, acoger al líder del movimiento independentista saharaui del Frente Polisario, Brahim Ghali, para que fuera tratado por covid-19 en un hospital.
Rabat reaccionó indignado a ese hecho y convocó a fines del mes pasado al embajador español para mostrarle su “exasperación”. El Frente Polisario, apoyado por Argelia, reivindica la independencia del Sahara Occidental, una antigua colonia española que Marruecos considera parte integral de su territorio.
“Se trataba y se trata simple y llanamente de una cuestión humanitaria”, reiteró ayer la ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.
El Gobierno de Madrid entiende que los problemas migratorios en Ceuta y Melilla se activan debido a la inacción marroquí cada vez que existe un diferente diplomático. Rabat reclama la soberanía sobre ambos enclaves, lo que es rechazado por España, que ha dominado ambas ciudades por siglos.
“Marruecos es un país socio, un país amigo de España y así debe seguir siéndolo”, suavizó Sánchez. Pero “para que resulte efectiva, esta cooperación debe basarse siempre, siempre, en el respeto a las fronteras mutuas”, advirtió.
Bruselas mostró su solidaridad con España y llamó a Rabat, en boca de la comisaria –ministra– europea de Asuntos de Interior, Ylva Johansson, a impedir la salida de migrantes de su territorio.
El lunes, un hombre murió ahogado mientras intentaba llegar al enclave por mar, informó la delegación del gobierno de Ceuta.
“Muchos de nuestros amigos consiguieron pasar, nosotros vinimos más tarde en cuanto nos enteramos, lo intentamos a través de la montaña pero la policía nos bloqueó”, dijo Amal, de 18 años, que vino de un pueblo cercano con su hermano y dos amigos. “Aquí no tengo futuro, mi objetivo es cruzar a Europa continental”, dijo Soulaimane, de 21 años.
Según Mohamed Benaissa, presidente del Observatorio del Norte de Derechos Humanos, radicado en Fnideq, esta nueva oleada migratoria implica principalmente a “menores, jóvenes y familias, todos marroquíes”.
En tanto, en Rabat, las más altas autoridades guardaban silencio. El director de la policía judicial, Mohamed Dkhissi, afirmó el domingo en la televisión publica marroquí 2M que España era la parte “perdedora” en la disputa, al señalar que “Marruecos, que es una potencia regional, no es sirviente de ningún país”.




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