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El director general de la Juventus, Luciano Moggi; el técnico, Fabio Capello; y el CEO,
Antonio Giraudo. El tradicional club turinés se expone a duras sanciones deportivas si
comprueban las sospechas de que sobornó árbitros.
Otro diálogo, según la transcripción publicada ayer por «Corriere della Sera», el principal diario italiano, registra a Moggi pidiéndole con sus apellidos concretos qué árbitros quiere para determinados partidos de Juventus, aunque todos ellos amistosos, en la pretemporada 2004-05. Stefano Cassara, Gianluca Rocchi y Tiziano Pieri son los tres árbitros solicitados por Moggi a Pairetto, en diálogos que revelan una fuerte intimidad entre ambos y que parecen confirmar la influencia del dirigente, varias veces acusado de manipular el fútbol local.
En otro de los diálogos, Moggi se comunica primero con una oficina de Fiat, propietaria de Juventus, para pedir un automóvil Maserati de 111.000 euros «para un amigo importante», tras lo cual, en un diálogo siguiente, un tal «Enzo» llama a Pairetto y le dice que «la Maserati está a disposición».
«Mi buena fe está fuera de discusión», replicó Pairetto, quien agregó que ha hablado siempre con muchos dirigentes de clubes y aclaró que el automóvil «era para un amigo» y que él sólo pidió si se podían acelerar los plazos de entrega.
También quedó comprometida la figura de Aldo Biscardi, uno de los periodistas más famosos del fútbol italiano, a quien Moggi le dice que tiene para él un lujoso reloj, aunque el informador se defendió ayer de las críticas.
Las escuchas fueron ordenadas en una causa sobre doping contra Juventus iniciada por la Fiscalía de Turín y archivadas «porque no revestían delito penal», pero están ahora bajo investigación de la Justicia romana y también en manos de la propia Federación Italiana (FIGC).
Los fiscales romanos Luca Palamara y Cristina Palaia anunciaron ayer que citarán a árbitros, jugadores y representantes para que declaren en la causa, que investiga supuestos delitos de la firma GEA, que maneja el hijo de Luciano Moggi, Alessandro Moggi.
La primera citación, para el lunes, es para Stefano Argilli, jugador símbolo de Siena por nueve años y que el domingo denunció que su club es manejado por GEA a través de la colocación de jugadores de Juventus.
La investigación romana saltó otra vez a las primeras planas tras la polémica victoria de Juventus 3-0 sobre Siena el domingo pasado, con tres goles en los ocho primeros minutos del partido y ante un rival que alineó a numerosos jugadores, cuyo pase, en realidad, es propiedad de Juventus y de GEA.
«Estamos en silencio de prensa y no tengo intenciones de decir nada», se limitó a responder ayer Luciano Moggi, quien se reunió a puertas cerradas con todo el plantel de Juventus, que este fin de semana, gracias a la victoria ante Siena, podría celebrar su 29° título en el «calcio».
La reunión, de la que participó también Roberto Bettega, otro alto dirigente del club, se celebró ayer en el campo de la Sisport, de Turín, donde Juventus prepara su camino al título, con tres puntos de ventaja sobre Milan y a dos fechas del final.
Moggi, que fue director general del Napolien los tiempos de oro de Diego Maradona, es llamado «el monje negro» del «calcio» y Juventus se vio salpicada de distintos escándalos durante su gestión, no sólo por supuestos favores arbitrales, sino también por uso de doping.
Políticos italianos repudiaron ayer «la ética del calcio», pero el presidente de Siena, Paolo De Luca, rechazó que Moggi pueda influir en la designación de árbitros y defendió además «la actividad del lobby, que es de práctica común entre los legisladores de Estados Unidos y nadie se escandaliza».
«Todo lo que estamos viendo nos exime de comentarios», dijo en cambio el ex crack Gianni Rivera, europarlamentario de la alianza de centroizquierda del Olivo, quien agregó que «hace falta» cambiar a «la propia cabeza» de la FIGC, que es comandada por Franco Carraro.




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