"Estamos sintiendo la brutalidad de EE.UU."
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Saif Mahmoud Shakir, taxista de 26 años acusado de participar en una trama para asesinar a un traductor estadounidense, lo pasó peor en la base de Adhamiya que en la prisión de Abu Ghraib. «Cuando llegué a la cárcel orinaba sangre por los golpes que me habían dado en los riñones.»
Suhaib Badreddin Baz, de 24 años, camarógrafo de la cadena qatarí Al Jazeera, fue detenido en Samarra por segunda vez el 13 de noviembre de 2003, cuando iba a cubrir una nota a un hospital. Con la cabeza cubierta con un saco y maniatado, Baz fue trasladado a una base estadounidense. «Eran las 22 horas. El oficial estadounidense llegó y me dijo: 'Quizás alguien respete a los medios de comunicación; yo no respeto a nadie'».
«Era el Ramadán, el mes de ayuno, y yo pedí permiso para rezar. El oficial vino, introdujo dos dedos en mis ojos, me empujó la cabeza hacia atrás y se puso a gritar: '¡Ni te imagines que vas a salir con la tuya! ¡Olvídate de Al Jazeera, olvida tu futuro, el único que vas a conocer es el de Guantánamo!'».
Después, el joven fue trasladado al aeropuerto de Bagdad, que sirve de campo de detención. «Durante dos días, alguien intentaba meterme miedo poniendo el cañón de su arma automática en la espalda y, en varias ocasiones, haciéndome creer que me iban a matar.» Finalmente, sobre el calvario en Abu Ghraib, relató: «Me ordenaron que me quitara la ropa. Era invierno. Hacía frío y había humedad. Pasé muchas noches temblando», dice. Le impidieron lavarse durante 35 días. Durante este tiempo, «los guardias venían para darme noticias falsas sobre la muerte o detención de colegas». El joven cuenta que en Abu Ghraib oyó a detenidos gritar de dolor a todas horas. «En una ocasión vi a un hombre y a su hijo. Los desnudaron. Después le dieron al hijo ropa interior de mujer», dice.




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