31 de marzo 2004 - 00:00

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Brasil recordará hoy el 40° aniversario del último golpe militar con una proliferación de seminarios de reflexión y publicaciones, en un ambiente calmo y muy diferente del crispado de nuestro país. El ejército, que se proclamó ayer «libre de resentimientos», puso de relieve «la importancia de vivir en una sociedad cuyos hijos no están divididos por las pasiones ideológicas y no están expuestos a las inquietudes del pasado». Es cierto que la guerra interna en ese país fue menos intensa (se reconocen 288 personas muertas o desaparecidas), que el golpe sucedió más lejos en el tiempo (1964) y que no hubo, como en la Argentina, un conflicto bélico con otro país. Sin embargo, es para destacar la impronta que se ha dado allí a la fecha. Brasil es gobernado por un partido de izquierda y por un presidente que se enfrentó duramente al régimen militar. Pero ellos no reviven los fantasmas del enfrentamiento y no plantean visiones sesgadas del pasado.

Rio de Janeiro (AFP) - Los brasileños recuerdan con una proliferación de seminarios y publicaciones los 40 años del levantamiento militar del 31 de marzo de 1964, que instauró una dictadura de 21 años en el país, un capítulo de su historia que consideran cerrado.

Las conmemoraciones tienen un carácter reflexivo, sin asperezas, aunque con diferentes evaluaciones sobre el pasado.

El Ejército se proclamó «libre de resentimientos» y consideró que el golpe constituye «una página de la historia», en un mensaje emitido para la ocasión. El arma destacó «la importancia de vivir en una sociedad cuyos hijos no están divididos por las pasiones ideológicas y no están expuestos a inquietudes del pasado».

No obstante, reivindicó en forma indirecta los «méritos», la «voluntad» y el «coraje» de los soldados que participaron en el levantamiento que culminó el 1 de abril con el derrocamiento de Joao Goulart (1961-1964), un presidente nacionalista aliado a los sindicatos que acababa de anunciar reformas de fondo, incluida una reforma agraria.

«El Ejército no hizo un 'mea culpa' completo», apuntó el sociólogo Helio Jaguaribe.

El Estado brasileño reconoce que durante el régimen militar 288 personas resultaron muertas o desaparecieron a manos de los organismos de seguridad. Militares retirados, por su parte, sitúan en 122 los muertos a manos de organizaciones guerrilleras
.

En 1979, el gobierno militar dictó una amnistía «amplia, general e irrestricta», que benefició tanto a los opositores como a los militares. Esa ley nunca fue impugnada
. «El gobierno de transición de José Sarney consideró prudente, para consolidar la democracia, no remover el pasado», declaró Jaguaribe.

El 15 de marzo se cumplieron 19 años de la vuelta de Brasil a la democracia, cuando asumió la presidencia Sarney (1985-1990), quien fue designado por un colegio electoral como vicepresidente de Tancredo Neves. Gravemente enfermo, Neves no pudo ser investido y murió pocos días después.

Las familias de los muertos y desaparecidos a manos de la dictadura fueron indemnizadas por el pasado gobierno del presidente
Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), con un promedio de 80.000 dólares cada una. Actualmente, subsiste una reivindicación de los familiares de 69 guerrilleros muertos en la guerrilla rural del Araguaia entre 1972 y 1975, estado amazónico de Pará, que reclaman la devolución de sus cadáveres.

El ministro de Defensa del gobierno Lula,
José Viegas, declaró el 10 de marzo pasado que todos los archivos militares sobre esta campaña fueron quemados hace más de 20 años.

La dictadura brasileña se endureció bajo las presidencias de los generales
Arthur Costa e Silva (1967-1969) y Emilio Garrastazu Médici (1969-1974), cuando enfrentaron una ofensiva de movimientos de guerrilla urbana primero, y rural después, contra los que utilizaron la tortura y las ejecuciones extrajudiciales. Con la presidencia del general Ernesto Geisel (1974-1979) comenzó la apertura política.

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