Evo Morales avanza con una nueva estatización: una empresa energética de capitales españoles
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El presidente de Bolivia, Evo Morales, muestra el decreto por el cual se expropió todas las acciones que una empresa española tiene en la compañía Transportadora de Electricidad y que equivalen a 73 por ciento de la propiedad total de esta firma.
Sin embargo, además de ordenar ayer que decenas de militares y policías tomaran posesión de las instalaciones de la firma expropiada en su sede de Cochabamba, Morales manifestó compromiso de pago (al menos es un atisbo de garantía, aún cuando sea oral), un matiz que lo diferencia sustancialmente del asalto sobre las acciones de la española Repsol perpetrado por su vecina argentina.
Evo dijo que su Gobierno reconocerá las inversiones realizadas por Red Eléctrica Española en Bolivia. "Somos responsables con las empresas: si lo que corresponde es devolver, hay que devolver. Si una empresa ha hecho inversión, reconocemos la inversión y siempre vamos a reconocer la inversión", señaló. En cambio, el gobierno argentino (a través del interventor de YPF Axel Kiciloff) dio por sentado (también oralmente) que el Estado no le pagará a la española lo que ella pide por las acciones confiscadas.
No obstante, la expropiación de las acciones de Repsol en YPF algo pagan: la inmediata revalorización del consenso e imagen de CFK, que desde diciembre pasado -según encuestadores no oficialistas- había caído más de 18 puntos en aprobación. Por eso, lo de YPF ya le mostró la otra cara de la moneda: 8 de cada 10 argentinos aprobaron la estatización.
Algo similar buscaría Evo con esta expropiación de TDE: en el último año enfrentó más de 1300 conflictos sociales; apagones y recortes en el suministro eléctrico y, ante la ola de delincuencia e inseguridad y la prolongada huelga de mineros, maestros y hospitalarios, tuvo que poner a 2300 militares a patrullar durante los próximos 90 días las cuatro ciudades principales del país. Su imagen, dicen las más recientes encuestas, tocó un piso histórico de apenas 38% de aprobación.
Para Oscar Ortiz, ex presidente del Senado boliviano hasta 2008, "la estatización de TDE fue una sorpresa pero a la vez muestra que el gobierno está muy nervioso frente a los conflictos sociales y reclamos de la calle", dijo ante la consulta de Ambito. Tan nervioso que, ante la efervecencia social en ciernes y el escaso margen de maniobra que el gobierno de Morales tiene frente a las protestas indígenas, el viernes 27 dio otra sorpresa: decretó feriado el lunes 30 para aquietar los ánimos.
Según Antelo, parte de la sorpresa se debe a que al no haber Evo Morales estatizado ninguna empresa el pasado 1ro de mayo de 2011 ("ya no queda nada por expropiar", aclara), se creía que la ola estatista había finalizado. "En términos de rédito político, la arremetida contra TDE es anecdótica: los bolivianos no conocen a la empresa, no se identifican con ella", señaló a Ambito este político de la oposición. "Es apenas un gesto de apuro", dijo.
Las aspiraciones de Evo no son menores: después de llegar al poder en 2006, asumió un segundo mandato (2010-2015) y se dispone a ir por un tercero. Aunque la Constitución (reformada en 2009) impediría que fuera por una re-re, Morales ya la habría "reinterpretado" al considerar que sí está habilitado pues es su primer período de gobierno bajo la nueva Constitución. Hace pocos días se encargó de decirlo bien clarito: "Los antiimperialistas, los anticapitalistas, los antineoliberales hemos llegado al Palacio no como inquilinos: llegamos para siempre y eso hay que debatir ahora en nuestro Congreso".
Por eso, si Bolivia está contagiada del virus expropiador de su vecina argentina o si permanece fiel a su karma de estatizador serial, es apenas un detalle. En momentos que España lucha contra los molinos de viento de la desocupación y de la rebaja en la calificación de deuda, y se aletarga ante el desamparo económico, algunos en el Cono Sur se despiertan para encender sus propios fuegos electorales con esa leña caída.




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