París (El Mundo) - El calor inusual que sufrió Francia en los últimos 10 días, y que no había sido observado desde 1945, causó directa o indirectamente la muerte de al menos 3.000 personas, según calcula la Dirección General de Sanidad (DGS). Los más afectados fueron las personas ancianas o más frágiles. A veces, algo tan simple como «una buena hidratación, permanecer a la sombra, ducharse, beber o llevar sombrero» son considerados como gestos sin importancia, según denunció en las páginas de «Le Monde» Lucien Abenhaïm, director de la DGS, «y sin embargo, estos consejos son esenciales en términos de prevención».
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La gravedad de la situación ha llevado al primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, a interrumpir sus vacaciones para presidir ayer una reunión de coordinación, tras la cual se ordenó la puesta en marcha de un plan de urgencia a nivel nacional, el llamado Plan Blanco.
El ministro de Sanidad, Jean-François Mattei, ya reconoció el miércoles que el número de fallecimientos era más elevado que lo normal, pero ayer habló claramente de «verdadera epidemia», negando que hubiera habido una falta de cuidados sanitarios.
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