Fritzl fue condenado a cadena perpetua y deberá cumplir la pena en un psiquiátrico
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Josef Fritzl.
En el cuarto y último día del juicio de quien fuera calificado por la prensa como "el monstruo de Amstetten", la fiscal Christiane Burkheiser había reclamado la "pena máxima", es decir cadena perpetua, y el internamiento de Fritzl en un psiquiátrico por tiempo indeterminado.
"Hubo homicidio por negligencia y ello requiere la pena máxima", declaró la fiscal.
Según Burkheiser, Fritzl "abusó de la credulidad de la gente", engañando durante 24 años a su entorno y a las autoridades municipales de Amstetten, donde residía.
Rosemarie, su mujer, tenía sólo 17 años cuando contrajeron matrimonio en 1956, y también con ella tuvo siete hijos; Elizabeth era la mayor.
El abogado defensor, Rudolf Mayer, consideró en su alegato que "no hubo asesinato" y pidió que Fritzl se beneficie de "circunstancias atenuantes" en la medida en que se declaró "culpable" de todos los cargos.
"Mi cliente fue responsable de sus actos, pero su personalidad tiene anomalías psicológicas", afirmó.
El miércoles, en un cambio espectacular de estrategia, Fritzl se declaró culpable de los seis cargos en su contra. El día anterior se había declarado "inocente" de asesinato y esclavitud.
Vestido con un traje gris claro, Fritzl ingresó el jueves a la sala del tribunal con el rostro descubierto, rodeado de una decena de policías, a diferencia de los días anteriores, durante los cuales ingresó cubriéndose la cara con una carpeta para evitar a fotógrafos y camarógrafos.
Una experta en psiquiatría, Adelheid Kastner, describió a Fritzl como un hombre enfermo de poder con graves trastornos de personalidad y desviación sexual, que le habría confesado: "He nacido para violar".
Una infancia difícil con una madre soltera autoritaria, que según él lo golpeaba, pudo explicar las frustraciones de este hombre que planificó cuidadosamente el secuestro de su hija Elizabeth cuando ésta tenía 18 años.
La mujer, que ahora tiene 42 años, pasó 24 años de su vida encerrada en el sótano de su casa, de 40 m2, sin ventanas ni ventilación, que Fritzl, ingeniero electricista, había acondicionado con varias puertas blindadas con cierre electrónico.
La tragedia del "monstruo de Amstetten" saltó a la luz en abril de 2008, cuando uno de los niños tuvo que ser hospitalizado con su madre.
El escalofriante testimonio de 11 horas de Elizabeth Fritzl fue difundido durante el juicio.
"¡No crean una palabra de lo que ha dicho! El acusado se ha proclamado su amo y señor, con derecho sobre su vida y su muerte", había advertido al tribunal la abogada de las víctimas, Eva Plaz, que luego diría a la prensa: Elizabeth "quiere que sea declarado responsable de sus actos hasta su muerte".




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