Caracas (AFP, ANSA, Reuters, EFE) - En dos marchas con unos 100.000 asistentes cada una, partidarios y opositores del presidente Hugo Chávez recorrieron ayer las calles de una Caracas fuertemente custodiada por efectivos policiales para medir fuerzas en el 44° aniversario de la caída del último dictador de Venezuela.
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La manifestación pro gubernamental concentró unas 100.000 personas, sobre todo temprano en la mañana, mientras la opositora igualó ese número, y por momentos lo superó en su punto culminante. Pese a los augurios de posibles enfrentamientos entre ambos sectores, ambas manifestaciones concluyeron sin incidentes.
La marcha de la oposición, nutrida por más de veinte organizaciones civiles, colmó las calles del centro de Caracas con miles de detractores que exigieron rectificaciones inmediatas al mandatario.
Desafío
En la tarde, hablando ante miles de seguidores en el presidencial Palacio de Miraflores, Chávez lanzó un desafío a sus opositores y prometió «acabar con el inmoral latifundio que ha frenado el desarrollo» en Venezuela. Chávez reiteró que en breve entregará títulos de propiedad a moradores pobres que pueblan en las villas miserias de Caracas y en el interior del país. «Algunos lo que destilan es odio. Nosotros lo que destilamos es amor», expresó.
Señaló que con la entrega de títulos iniciará el proceso de ejecución de su polémica ley de tierras, que aplica impuestos a propietarios de grandes extensiones de tierras ociosas. Esa norma es la más polémica, con la de hidrocarburos y pesca, del paquete de 49 leyes económicas impuestas por decreto por Chávez, que detonó un exitoso paro empresarial el 10 de diciembre.
En relación con la marcha opositora, Chávez reaccionó tildando de «contrarrevolucionarios» a sus adversarios, a quienes aseguró tener las «botas puestas» para enfrentar toda acción contraria a su gobierno. «Que nadie se duerma, que nadie se descuide. Nosotros estamos con las botas puestas, listos para salir en defensa del proceso revolucionario», dijo el mandatario ante sus simpatizantes agolpados a las puertas del presidencial Palacio de Miraflores.
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