19 de abril 2005 - 00:00

Fumata negra en primera votación por nuevo Papa

Comenzó ayer el esperado cónclave en el Vaticano, del que saldrá el sucesor de Juan Pablo II. Antes de que los 115 cardenales con derecho a voto ingresaran en la Capilla Sixtina, el papable alemán Joseph Ratzinger ofició una misa en la que hizo una encendida defensa de la ortodoxia. Intentando influir en el ánimo de los purpurados, denunció el relativismo cultural y moral, y criticó a quienes califican el apego a la doctrina como «fundamentalismo». Ayer se produjo la primera votación, que no arrojó la mayoría de dos tercios necesaria y, por lo tanto, dio lugar a una «fumata negra». El secreto del cónclave no fue vulnerado, para desesperación de periodistas y de curiosos, quienes no pudieron sino seguir con sus hipótesis: europeo o del Tercer Mundo, ortodoxo o modernizador, más joven o más anciano...

Ayer, 115 cardenales comenzaron a elegir al nuevo Papa.El humo negro en la chimenea de la Capilla Sixtina significóque no hubo acuerdo aún sobre quién será.
Ayer, 115 cardenales comenzaron a elegir al nuevo Papa. El humo negro en la chimenea de la Capilla Sixtina significó que no hubo acuerdo aún sobre quién será.
Ciudad del Vaticano - «¡Es blanca!» «¡Blanca, hay papa!» Pasadas las ocho de la noche, la Plaza San Pedro estalla en júbilo. Decenas de miles de personas habían esperado durante más de una hora que la chimenea hablara. Se agitan banderas, hay aplausos y gritos, mientras vuelven corriendo los que habían emprendido la retirada. Se palpita la emoción. Falsa alarma, era negra.

El blancuzco inicial se tornó negro en minutos. Es decir que hubo votación, pero ninguno consiguió los 77 votos requeridos (sobre 115). Sólo si hubiera habido elección, el nombre del nuevo papa podría haber quitado protagonismo a las palabras del cardenal Joseph Ratzinger en el sermón de la misa matutina «Pro Eligiendo Pontífice Romano».

«El relativismo, es decir, el dejarse llevar de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, es visto como el único comportamiento a la altura de los tiempos. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como la última medida el propio yo y la voluntad personal», dijo Ratzinger, quien ofició la misa como decano del Colegio Sacro.

• Respuestas

Ratzinger, el más mencionado como papable, eligió dar un último mensaje público antes de entrar al cónclave que pareció ser también una respuesta a sus críticos, que lo definen como «guardián del dogma» en el mejor de los casos. «Tener una fe clara, de acuerdo con el credo de la Iglesia, viene a menudo etiquetado como fundamentalismo», indicó. El sentido del discurso de quien fue prefecto para la Doctrina de la Fe durante casi todo el papado de Juan Pablo II, fue claro en lo político y en lo teológico. Ratzinger les puso nombre a los riesgos: «¡Cuántos vientos doctrinales hemos conocido en estos últimos decenios! De un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo, del colectivismo al individualismo radical, del ateísmo al misticismo religioso, del agnosticismo al sincretismo», denunció.

Algo parece estar ocurriendo en la relación de Ratzinger y los católicos que dan vueltas por San Pedro. Cuando los más de 180 cardenales se retiraron, el más aplaudido por la feligresía fue el ex obispo de Munich. De estatura pequeña, Ratzinger fue el último en dejar la nave mientras saludaba con una cálida sonrisa.

Entre tanto, las especulaciones siguen a la orden del día.
Orazio Petrosillo, vaticanista de «Il Messaggero», anoche arriesgaba por televisión que la votación podría definirse entre la última fumata del miércoles y la primera del jueves. Desde hoy habrá cuatro votaciones diarias, dos por la mañana y dos por la noche. A las 12 y a las 19, hora de Roma, la chimenea ubicada sobre la Capilla Sixtina dejará ver el humo productode la quema de las boletaselectorales.

«Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien, en presencia de Dios, creo que debe ser elegido», fue la frase que anoche pronunciaron los 115 electores y que se repetirá hoy. Si en tres días de sufragios no se alcanza el piso de dos tercios de los votos exigido (77), tendrá lugar un día de pausa para orar y dialogar. Esta jornada de reflexión se repetirá luego cada siete días hasta llegar a los 34 intentos. Luego, el nuevo pontífice se dirimirá entre los dos más votados, y deberá lograr la mayoría absoluta.

Los cardenales almorzaron juntos y a las 16.30 y comenzaron lentamente el rito indicado. Se reunieron en el Aula de las Bendiciones, cercana a la Capilla Sixtina, y Ratzinger recordó que estaban allí para elegir al papa. En procesión, los otros 114 futuros colaboradores del Papa recitaron las letanías y entonaron el himno «Veni Creator Spiritus», mientras se dirigían a la Capilla Sixtina, que en los últimos días fue sometida a
severos controles contra micrófonos, cámaras ocultas y cualquier otro medio de comunicación. Allí se obligaron y juraron «observar fiel y escrupulosamente todas las prescripciones contenidas en la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II 'Universi Dominici Gregis'». A las 17.25, el cardenal Piero Marini, maestro de Celebraciones Litúrgicas Pontificias, pronunció «extra omnes». Se retiraron entonces los guardias suizos y se cerró la puerta. Los príncipes de la Iglesia comenzaron a meditar.

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