Goernadora de Río quiere mantener operativo del Ejército
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La segunda oportunidad
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Bastos y Viegas autorizaron el jueves pasado el emplazamiento de 3.000 soldados en las calles del estado de Río de Janeiro, especialmente en las áreas turísticas de su capital.
La petición para extender la presencia de las tropas no tendrá plazo definido, anticipó Quintal.
El secretario de Seguridad y la gobernadora Mateus acusaron de la última ola de atentados al "Comando Vermelho" (Comando Rojo), la organización de traficantes de drogas y armas más peligrosa en la región y cuyos principales líderes se encuentran en prisión, pero que mantienen intacta su influencia.
Uno de los "capos", Fernando da Costa, alias "Fernandinho Beira-Mar", fue transferido en forma sorpresiva el jueves del presidio de Bangu I en Río de Janeiro a la prisión de máxima seguridad en Presidente Bernardes, en el interior de Sao Paulo.
Según Quintal, Da Costa y sus secuaces se valían de teléfonos móviles para ordenar a sus lugartenientes libres los ataques que provocaron zozobra a la población.
Con el traslado de Beira-Mar las autoridades consideraron que quedaba desarticulado el poder de mando del Comando Vermelho, pero admitieron su temor a las reacciones que pudieran desatar, especialmente durante el carnaval, el resto de sus militantes que, agrupados en células, se ocultan en varias de las 610 favelas de Río de Janeiro.
El secretario de Seguridad Pública ha defendido desde el comienzo de la nueva crisis la presencia activa del Ejército en la vigilancia de áreas que él mismo considera "críticas" y en las que la policía afronta serias dificultades debido al tipo de pertrechos que tiene el crimen organizado.
Pero la alternativa puede quedar sin apoyo, según fuentes del gobierno de Brasilia, que señalan a los ministros de Justicia y Defensa como los principales opositores a involucrar a los militares en problemas urbanos.



