4 de marzo 2003 - 00:00

Goernadora de Río quiere mantener operativo del Ejército

La gobernadora del estado brasileño de Río de Janeiro, Rosinha Mateus, anunció hoy que pretende mantener por tiempo indefinido en las calles a las tropas del Ejército, convocadas en principio para preservar la seguridad durante el carnaval.

Mateus dijo que pedirá autorización al gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para extender la misión de los militares, cuya presencia en las calles y playas mostró un capítulo insólito del carnaval carioca en sus 70 años de historia, marcado más por la alegría y el desenfado, que por la zozobra de tiempos violentos.

El nuevo éxito de la fiesta popular, que termina hoy en la mayor parte del país, fue amenazado por atentados indiscriminados del crimen organizado, que entre el lunes y jueves pasados costaron la vida a dos personas y heridas a 17.

Vehículos y establecimientos comerciales fueron atacados con bombas caseras y disparos efectuados por desconocidos, que obligaron a la policía a sacar a todos sus efectivos a las calles y a pedir el refuerzo militar.

El secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro, Josías Quintal, anunció que mañana, miércoles, habrá una reunión oficial para evaluar los resultados de la operación "Río Seguro" en la que intervino el Ejército.

Se trata, añadió, de justificar con cifras y detalles consolidados el pedido que la gobernadora debe formalizar en una próxima entrevista con los ministros de Justicia, Marcio Thomaz Bastos, y de Defensa, José Viegas.

Bastos y Viegas autorizaron el jueves pasado el emplazamiento de 3.000 soldados en las calles del estado de Río de Janeiro, especialmente en las áreas turísticas de su capital.

La petición para extender la presencia de las tropas no tendrá plazo definido, anticipó Quintal.

El secretario de Seguridad y la gobernadora Mateus acusaron de la última ola de atentados al "Comando Vermelho" (Comando Rojo), la organización de traficantes de drogas y armas más peligrosa en la región y cuyos principales líderes se encuentran en prisión, pero que mantienen intacta su influencia.

Uno de los "capos", Fernando da Costa, alias "Fernandinho Beira-Mar", fue transferido en forma sorpresiva el jueves del presidio de Bangu I en Río de Janeiro a la prisión de máxima seguridad en Presidente Bernardes, en el interior de Sao Paulo.

Según Quintal, Da Costa y sus secuaces se valían de teléfonos móviles para ordenar a sus lugartenientes libres los ataques que provocaron zozobra a la población.

Con el traslado de Beira-Mar las autoridades consideraron que quedaba desarticulado el poder de mando del Comando Vermelho, pero admitieron su temor a las reacciones que pudieran desatar, especialmente durante el carnaval, el resto de sus militantes que, agrupados en células, se ocultan en varias de las 610 favelas de Río de Janeiro.

El secretario de Seguridad Pública ha defendido desde el comienzo de la nueva crisis la presencia activa del Ejército en la vigilancia de áreas que él mismo considera "críticas" y en las que la policía afronta serias dificultades debido al tipo de pertrechos que tiene el crimen organizado.

Pero la alternativa puede quedar sin apoyo, según fuentes del gobierno de Brasilia, que señalan a los ministros de Justicia y Defensa como los principales opositores a involucrar a los militares en problemas urbanos.

 

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