Hizbollah (con Irán y Siria) aumenta su poder en el Líbano

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El Cairo - El movimiento chiita Hizbollah volvió a ganar una batalla en el Líbano y dejó desacreditado al gobierno y a la mayoría parlamentaria, y sólo el Ejército mantiene de algún modo intacto su prestigio en estos momentos convulsionados.

Las batallas campales libradas en las calles entre milicias de las distintas facciones libanesas recordaron a muchos ciudadanos el fantasma de la guerra civil (1975-1990) como no lo hicieron los sucesos de la última guerra con Israel (entre julio y agosto de 2006), en la que al fin y al cabo el agresor era externo. En esta ocasión, no sólo Hizbollah sacó a sus milicias, también los otros grupos -y en particular los partidarios del dirigente de la mayoría parlamentaria antisiria, Saad Hariri, y del líder druso, Walid Yumblat-mostraron abiertamente que tienen armas y están dispuestos a usarlas.

Sin embargo, la victoria de Hizbollah fue aplastante, y no sólo porque sus hombres tomaron literalmente barrios enteros de Beirut y otras ciudades.

Las dos decisiones del gobierno que para el secretario general de Hizbollah, Hassan Nasrallah, equivalían a una declaración de guerra -el retiro de la red de comunicaciones del movimiento chiita y el cese del responsable de seguridad del aeropuerto de Beirut- fueron finalmente revocadas.

El primer ministro libanés, Fuad Siniora, intentó salvar la cara dejando ambas decisiones en manos del Ejército, pero aun así quedó en evidencia: su gobierno, en la cuerda floja desde hace meses, es más débil y está menos disciplinado que el movimiento chiita.

Y ahora los chiitas han puesto las cartas sobre la mesa: la profunda crisis que atraviesa el país no se solucionará con la elección de un presidente, puesto vacante desde el pasado noviembre, pese a que todos los grupos estén de acuerdo en el nombre de Michel Sleiman, actual jefe de las Fuerzas Armadas, para ese cargo. Por el contrario, ahora los chiitas dejaron claro que hay dos condiciones que deben cumplirse antes de dar el cargo a Sleiman: formación de un gobierno «de unión nacional» y una nueva ley electoral, en palabras del diputado del movimiento chiita Amal (aliado de Hizbollah) Ali Hasan Jalil.

  • Valoración

    Aunque no precisó en qué debe consistir la nueva ley electoral, todos dan por hecho que Hizbollah y Amal sólo aceptarán una que garantice más escaños a la población chiita, que se siente muy escasamente representada en el Parlamento y, por ende, en las instituciones del Estado.

    Y mientras el gobierno aparece cada vez más incapaz de garantizar el orden y más desacreditado ante la población chiita -todos los ministros de este credo se retiraron del gabinete de Siniora-, el Ejército mantiene una alta valoración entre los libaneses. En estos días de batallas, los soldados libaneses evitaron tomar partido, aun a riesgo de que la calle pareciera territorio sin ley a merced de toda clase de milicias y matones.

    En cuanto a los vecinos del Líbano, los países que pasan por guardianes de las esencias sunitas, como Egipto y Arabia Saudita, cada vez muestran con más descaro su preferencia por el gobierno de Siniora y su enorme distancia de Hizbollah. Hasta la Liga Arabe, aferrada a una « iniciativa árabe» para la crisis libanesa en la que ya nadie cree, es vista cada vez más como una instancia no neutral.

    No es casualidad que a la reunión de emergencia de ministros de Exteriores de la Liga que tuvo lugar ayer en El Cairo -con la crisis del Líbano como único tema de la agenda-, el ministro sirio (cuyo régimen se considera que, además de Irán, es el gran mentor de Hizbollah) haya sido el gran ausente y haya enviado en su lugar a un simple embajador.

    La unidad árabe, si alguna vez existió, ha quedado en evidencia ante el conflicto libanés.
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