Flemming Rose afirma que no se
arrepiente de haber publicado las viñetas
del escándalo. Sin embargo,
muchos en la propia Dinamarca calificaron
esa decisión como una «provocación
estúpida».
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A sus 47 años, encaja perfectamente en la categoría de intelectual liberal del siglo XXI, partidario de las libertades individuales y la economía de mercado, proestadounidense («Nunca un país ha hecho tanto por la humanidad y ha recibido tan poco agradecimiento», escribió recientemente), crítico con el modelo escandinavo del Estado del bienestar, enemigo de la inmigración masiva y moderadamente escéptico ante las presuntas ventajas de la sociedadmulticultural. Las crónicas de Rose durante su larga etapa de corresponsal (ocho años en Moscú y tres en Washington) no fueron meros relatos de la realidad rusa o estadounidense, sino activas contribuciones a una lucha de ideas en la que no dudó en tomar partido, irritado por lo que define como ceguera de la izquierda danesa ante los desmanes del comunismo.
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