Bagdad - En las callejuelas de su feudo de Sadr City, los milicianos chiitas de Moqtada al-Sadr se han enfundado de nuevo sus uniformes negros, y dicen estar preparados para morir, bien armados, si les llega la orden.
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Desde el martes, en este inmenso barrio al nordeste de Bagdad, se enfrentan a las tropas iraquíes y estadounidenses, y han puesto fin a una larga tregua que les había permitido guardar esas vestimentas oscuras que caracterizan al Ejército del Mahdi.
«Nuestro combate es una batalla de solidaridad con nuestros hermanos de Basora», explicó el jefe de una cuadrilla que controla el acceso a una callejuela polvorienta. En este gran centro petrolero situado 550 kilómetros al sur de Bagdad, las fuerzas gubernamentales lanzaron el martes una ofensiva para controlar la milicia del clérigo radical chiita Al-Sadr. Los combates se extendieron a Bagdad y a otras ciudades iraquíes, y causaron decenas de muertos y heridos.
Su rostro -y el de los tres hombres que lo acompañan-está marcado por el cansancio de las últimas noches en vela, al acecho de las tropas gubernamentales y de las unidades norteamericanas.
Equipado con tres teléfonos móviles que no paran de sonar, Seyyed Abbas intercambia informaciones con otros jefes y pregunta por la posición de los vehículos blindados norteamericanos que tienen que llegar a su sector.
«Lucharemos contra la injusticia», asegura el miliciano, que empezó a combatir en la guerra contra Irán en los años 80. «Lo único que hacemos es reclamar nuestros derechos y luchar contra un gobierno corrupto y contra las brigadas Badr», añade.
Las brigadas Badr son los milicianos del Consejo Supremo Islámico Iraquí, su gran rival chiita, a los que acusan de estar protegidos por el gobierno de Nuri Al-Maliki.
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