El domingo próximo, los cardenales ingresarán en la Capilla Sixtina para elegir al nuevo papa. Existen criterios que sirven para una selección preliminar de candidatos. El estado de salud, por ejemplo, podría dejar a un costado a algunos candidatos (como Camillo Ruini, con cinco by pass, o el argentino Bergoglio, quien perdió un pulmón). También el conocimiento de idiomas es importante en la carrera: le juega a favor de Joseph Ratzinger, el favorito, y en contra a Dionigi Tettamanzi, que habla sólo italiano. Hasta cierta frivolidad puede incidir en la votación: ¿o no pesará también el aspecto físico en la selección de quien debe reemplazar a un pontífice casi hollywoodense como Karol Wojtyla? Con estos rasgos, se va constituyendo un identikit que favorece a algunos «tapados», como el siciliano Renato Martino, el preferido de los cardenales de los EE.UU.
El cónclave de cardenales que comenzará a sesionar el lunes próximo para elegir al sucesor de Juan Pablo II irá precedido por un capítulo conceptual, en el que los «príncipes de la Iglesia» examinarán el estado de la Iglesia universal, su agenda de problemas y tensiones, las líneas de acción hacia donde debe expandirse la tarea pastoral en los próximos años, antes de definir el perfil del nuevo pontífice. Sin embargo, más allá de estas elevaciones, existen factores más prosaicos que potencian a algunos candidatos y restan posibilidades a otros casi hasta descartarlos. Estos condicionamientos pueden ser tan vulgares como problemas de salud o un dato en el fondo accidental, como la cantidad de idiomas que domina cada candidato. Sin ir a frivolidades que algunos consideran muy en serio, como el aspecto físico del nuevo vicario de Cristo y su mayor o menor carisma, peculiaridades que se vuelven determinantes después del despliegue personal que significó el papado por momentos hollywoodense de Juan Pablo II. No hay que llegar, por supuesto, a la liviandad de los que levantan apuestas sobre la «carrera», tarea a la que ya se consagraron algunos sitios clásicos de Internet, como paddypower.com.
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A pesar de que los electores se han impuesto un rígido silencio frente a la prensa, en Roma existen obispos y monseñores con la información suficiente como para trazar un panorama que despeje algunas incógnitas:
• Todos los pronósticos presentan a Joseph Ratzinger como el cardenal capaz de constituir la primera minoría, cosechando ya unos cincuenta votos a favor. Este alemán es un teólogo que cultivó posiciones heterodoxas hasta que un giro sorprendente lo transformó en el guardián de la doctrina más tradicional de la Iglesia. Ejerció esa función desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, versión moderna del Santo Oficio, donde lo designó Juan Pablo II. Ese talante conservador es un impulso en esta hora: el cónclave estará necesariamente influido por el clima de apoteosis que rodeó los funerales de Wojtyla, tal como se sigue notando en los centenares de miles de personas que visitan su tumba, recién expuesta al público en las criptas de San Pedro.
Sin embargo, Ratzinger debe superar algunos desafíos para llegar a Papa. El primero se lo impuso él mismo: dejó trascender que sólo aceptará el gobierno de la Iglesia si éste surge de un consenso muy extendido y claro, es decir, si lo votan en la primera ronda de sufragios, el lunes, cuando los cardenales se internen en la Capilla Sixtina. Necesitaría para eso 77 votos, es decir, 2/3 más 1 de los 115 habilitados para elegir. Otro factor que juega en contra de este alemán es que carece por completo de carisma personal: más bien se trata de alguien más acostumbrado a tratar con libros que con personas. Finalmente, tampoco cuenta Ratzinger con el beneplácito de los demás cardenales alemanes, que integran la Asamblea Episcopal de su país. Por eso tal vez pese sobre este fuerte candidato el apotegma clásico: «Quien entra al cónclave como Papa sale del cónclave como cardenal». Aún así, en las mesas muy profanas de paddypower figura como un favorito que «paga» 5 a 1.
• El mismo carácter ortodoxo que beneficia a Ratzinger se convierte en una traba para los latinoamericanos que aspiran a conducir la Iglesia. A todos ellos, en bloque, se los ve como reformistas en el resto del catolicismo por el peso que ha tenido la Teología de la Liberación en la imagen de América latina. Este sesgo es el que arroja viento en contra de la carrera del hondureño Oscar Rodríguez Madariaga. Aunque es cierto que este prelado cuenta con un rasgo que puede parecer trivial, pero que para esta elección se convierte casi en un requisito indispensable: el conocimiento de idiomas. Al español materno, Madariaga agrega el italiano, el inglés y el alemán. Sin embargo, debe lograr que entre sus hermanos cardenales se supere el prejuicio de darle el control de la Iglesia a un salesiano, es decir, a alguien de una congregación moderna dedicada a la educación y con cierto aroma populista.
• Más pesada le resulta al argentino Jorge Bergoglio su condición de jesuita. Nunca el catolicismo le confió el gobierno a alguien de la Compañía de Jesús, límite que fue compensado por la enorme gravitación que esa orden tuvo en la trastienda del Vaticano (a tal punto que sus generales recibieron el apodo de «papas negros»). Centrado sin ser conservador, el arzobispo de Buenos Aires tiene otros dos límites por vencer. Uno, que conoce solamente dos idiomas, el italiano y el español. Otro, que podría tener limitaciones de salud por la falta de un pulmón, que padece desde hace años. Sin embargo los apostadores le ven más posibilidades que a Madariaga: consideran que «paga» 10 a 1, es decir, le asignan enormes chances de coronarse.
• Este mismo factor pesa más todavía en el cardenal Camillo Ruini. Sus chances vienen dadas por ser el vicario del Papa en Roma (es decir, quien ejerce efectivamente el episcopado en esa diócesis que tiene por Obispo al Sumo Pontífice) y presidente de la Asamblea Episcopal de Italia. Su figura se ve potenciada entre aquellos que suponen que la silla de Pedro volverá a un italiano después del largo exotismo de un pontificado polaco. Sin embargo Ruini, con todas las condiciones que le juegan a favor en este caso, debería superar la valla que suponen los cinco «bypass» que le realizaron a su fatigado corazón. Aunque tal vez no sea ésta su mayor desventaja: el problema de la elección que comienza el lunes es que el episcopado italiano no está unificado detrás de una única candidatura.
• Esa dispersión juega a favor de otros purpurados. Dionigi Tettamanzi, nada menos que arzobispo de Milán, fue visto hasta hace poco como uno de los grandes favoritos de este cónclave. Pero el hecho de que hable solamente italiano luce como una desventaja para suceder a un políglota consumado como el papa Wojtyla. Por no caer en detalles menores pero que pesan mucho en la visión de varios expertos, como el hecho de ser un cardenal petiso y algo tosco en sus movimientos, acaso poco adecuado a la era mediática que abrió el pontificado anterior.
• La tesis del papado italiano también beneficia a Angelo Sodano, hasta la muerte de Juan Pablo II el secretario de Estado del Vaticano. Sodano habla cinco idiomas, entre ellos el español, a la perfección (fue nuncio en Chile varios años). Y juega con ventaja por la sencilla razón de que bajo su mandato, de gran peso político, casi todos los demás integrantes del colegio llegaron a la posición de cardenales. Pero tampoco cuenta este poderoso prelado con la aquiescencia de todos los italianos, a pesar de que los medios de ese país le imputan 20 votos propios antes de ingresar en la Sixtina.
• Esta dispersión del cardenalato peninsular ha hecho aparecer en las últimas horas la tesis del «tapado» italiano. Es decir, un cardenal que podría favorecer una síntesis entre varias regiones a la hora de la segunda o tercera votación. En este identikit se va configurando la imagen del cardenal Renato Martino. Este siciliano que habla, además de italiano, español, portugués, francés e inglés, cuenta con una ventaja inigualable: la gran simpatía del episcopado de los Estados Unidos, al que le está vedado imponer un Papa por los escándalo morales que afectaron a muchas de sus diócesis. ¿De dónde proviene ese encanto de Martino entre los norteamericanos? En su larga permanencia en Nueva York como representante del Vaticano ante las Naciones Unidas, tarea en la que se convirtió en un internacionalista con gran conocimiento del juego mundial. Desde esa posición Juan Pablo II lo llevó a la Congregación Pontificia de Justicia y Paz, desde donde este cardenal editó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, por décadas demorado.
Los cardenales se internarán el domingo por la noche en la casa de Santa Marta. Se supone que las votaciones serán varias y trabajosas y que cualquier pista es contradictoria para conocer el resultado. Salvo que quiera recordarse aquel consejo de Santo Tomás de Aquino para esta encrucijada: «El docto nos enseña, el santo reza por nosotros y el prudente nos gobierna».