Impactante: revelan secretos del ataque a Torres Gemelas
Los dos hombres que planearon los ataques del 11 de setiembre están ideando atentados contra objetivos nucleares. Así se lo confesaron ambos a un periodista de la cadena de televisión qatarí Al-Jazeera. Khaled Mohammed se identificó como jefe militar de Al-Qaeda, y Ramzi Binalshibh, como coordinador de los atentados. "Los ataques se planearon de forma que provocaran tantas muertes como fuera posible", admitieron. Confirmaron el rol clave de Mohammed Atta, encargado de fijar la fecha de la operación. Cuando se comunicaban por correo electrónico, el Pentágono era la Facultad de Bellas Artes; el Capitolio, la de Derecho; y las Torres Gemelas eran denominadas Facultad de Urbanismo. Atta precisamente estudiaba esa especialidad en Hamburgo. Para comunicarle la fecha de los ataques, Atta utilizó una adivinanza. Ese día rendirían "cuatro exámenes", porque eran cuatro los objetivos.
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Después me pidieron que colocara la mano derecha sobre el Corán y que lo jurara solemnemente. Khaled me dio la impresión de ser un hombre astuto y directo. Fue directamente al grano y anunció algo que me dejó totalmente sorprendido: «Soy el jefe del comité militar de Al-Qaeda, y Ramzi es el coordinador de la Operación Martes Santo».
Estaban tranquilos, relajados y dispuestos a hablar. Por primera vez, los hombres que se encontraban tras los atentados de las Torres Gemelas habían decidido romper el silencio. «Alrededor de dos años y medio antes de las incursiones en Washington y Nueva York, el comité militar mantuvo una reunión en la que se decidió empezar a planificar una operación de martirio en territorio de los Estados Unidos», declaró Khaled.
«Mientras debatíamos sobre los objetivos, consideramos en primer lugar la posibilidad de atacar un par de instalaciones nucleares, pero votamos en contra por miedo a que se nos fuera de las manos», continuó. Me quedé estupefacto. Objetivos nucleares, ¿no podía ser más específico?
«En este momento no necesita saber nada más al respecto. Además, se decidió abandonar el ataque a objetivos nucleares. Por ahora», dijo.
«¿Qué quiere decir con 'por ahora'?», pregunté.
«Por ahora significa por ahora», respondió tajante. «Los ataques se planearon de forma que provocaran tantas muertes y tanto caos como fuera posible y para dar un duro golpe a los Estados Unidos en su propio territorio.»
«¿Y quién iba a llevarlo a cabo?», inquirí. «Nunca nos han faltado mártires potenciales. De hecho, tenemos un departamento llamado Departamento de los Mártires.»
«¿Sigue activo?», pregunté. «Sí, y siempre lo estará mientras nos estemos en Yihad contra los infieles y los sionistas.» Khaled añadió: «Tenemos muchos voluntarios. Nuestro problema entonces era encontrar a personas adecuadas que estuvieran familiarizadas con Occidente».
Entonces, Ramzi interrumpió la narración con una sorpresa. Se había marchado a la habitación contigua y apareció con un sucio maletín gris. Mientras lo abría, me miró. «Sí, son mis recuerdos de Hamburgo», comentó mientras me tendía una taza de té. «Y usted es el primer desconocido que va a verlos.»
Con sumo cuidado comenzó a sacar sus «recuerdos», uno a uno. En poco tiempo esparció en el suelo, frente a mí, la mayor parte del material utilizado por Mohammed Atta y por los otros secuestradores de los aviones mientras planeaban los ataques.
Un flamante folleto de Boeing y varios manuales, un grueso libro de texto para aprender a pilotar, un mapa de navegación de la costa este de los Estados Unidos, libros para aprender inglés, disquetes, CD-ROM de simuladores aéreos: todo ello se encontró en el piso de Hamburgo que Ramzi compartía con Atta.
«Un momento, un momento», dije mientras Ramzi iba mostrándome los recuerdos. Junto a una serie de complejas ilustraciones sobre la forma de realizar maniobras repentinas, había visto una página con párrafos subrayados y minuciosas notas.
«Es la letra del hermano Abu Abdul Raman», dijo Ramzi, mencionando a Atta por su nombre en clave de Al-Qaeda. No se parecía mucho a la letra bastante más caligráfica que había visto en un escalofriante documento atribuido a Atta, hecho público por el FBI. Aquel documento, encontrado en el equipaje que Atta había dejado en el aeropuerto Logan de Boston, proporcionaba una guía espiritual a los secuestradores aéreos para el momento en que se acercara el punto culminante de su misión. «Oblíguense a olvidar eso que se llama mundo», decía.
Ramzi me explicó que Atta no era el autor de estas «instrucciones y oraciones»; eran obra de Abdul Aziz al Omari, que había acompañado a Atta en sus últimas horas de vida.
A lo largo de las 48 horas siguientes seguí en el departamento con estos dos personajes, escuchando los detalles de la planificación del 11 de setiembre. Resultaba evidente que no estaban dispuestos a revelarlo todo, y sin duda, sigue habiendo muchos detalles sobre la planificación que sólo conocen esos dos hombres y puede que uno o dos más.
Ahora, Khaled me estaba explicando que no sólo resucitó el plan Bojinka que planeaba estrellar 12 aeroplanos contra monumentos importantes, sino que lo remodeló para convertirlo en una acción bélica de una eficacia demoledora.
La narración de Khaled confirma que Atta fue agente durmiente de Al-Qaeda desde 1992, cuando trabajaba y estudiaba urbanismo en Hamburgo. En otoño de ese año, se juntaron y empezaron con la planificación detallada. Se reunieron en la polvorienta y decrépita ciudad de Kandahar, la capital de hecho de los talibanes, situada en el sur de Afganistán. El lugar de reunión era la casa de Al Gumad en honor del clan saudita Gamdi, cuatro de cuyos miembros más jóvenes desempeñaron en los secuestros aéreos.
«Se celebró una shura (concilio) a la que asistieron los cuatro pilotos, así como Khaled al Mihdar y Nawaf al Hazemi, la mano derecha de Atta», dice Ramzi, mencionando a otros personajes importantes. Hasta ese momento no se sabía que Al Hazemi fuera el segundo de Atta. Acompañaba a Hani Hanyur en el vuelo AA77 de American Airlines, que se estrelló contra el Pentágono.
Khaled reveló: «Después de la shura enviamos al menos cuatro unidades de reconocimiento a los Estados Unidos, por parejas o solos, a lo largo de cinco o seis meses».
También poco después de la shura, Atta partió con rumbo a Alemania, donde, para evitar que lo interrogaran con respecto a los visados paquistaníes de su pasaporte, declaró que se lo habían robado, al igual que Marwan al Shehi, que más adelante pilotaría el vuelo 175 de United Airlines, que se estrelló contra la Torre Sur del World Trade Center; y Ziad Yarra, piloto del vuelo 93 de la UA, que se estrelló en Pennsylvania.
•Plenos poderes
La siguiente etapa consistió en adquirir nociones básicas de pilotaje. En el verano de 2000, Atta entró en los Estados Unidos y empezó a tomar lecciones de vuelo en Venice (Florida), junto con Al Shehi. Yarra se perfeccionaba en Arizona.
«Sabían que se trataba de una operación de martirio, pero no conocían los detalles», añadió Khaled.
En julio, Atta voló de los Estados Unidos a Madrid, donde se reunió con Ramzi y otros miembros de Al-Qaeda para ultimar detalles. En esta reunión se acordó que, aunque imperaría el espíritu del «todos para uno y uno para todos», Atta tendría plenos poderes para seleccionar los objetivos y el calendario de los ataques. Se estableció un protocolo que permitiría a Atta mantener el contacto con sus jefes de Al-Qaeda por medio de correo electrónico y charlas en directo por Internet. Atta pasó a utilizar el nombre clave de Abu Abdul Raman Al Masri (el Egipcio). Otros nombres clave tenían resonancias de héroes islámicos.
El de Ziad Yarra era Abu Tarek, una referencia al conquistador árabe de Andalucía; el de Al Shehí era Abul Qaqá, que sometió a Persia al islam. Ramzi hablaba con mucho afecto del «hermano Abu Abdul Raman». «Tenía hermosas visiones en las que surcaba el cielo en grandes pájaros verdes y se estrellaba contra cosas.»
Khaled aportó un dato más: los objetivos también tenían asignados nombres en clave. El Pentágono era la Facultad de Bellas Artes, mientras que las Torres Gemelas, en un reflejo del odio de Atta por los rascacielos, eran la Facultad de Urbanismo. Ramzi reveló que el objetivo del cuarto avión, que cayó en Pennsylvania, era el Capitolio, el corazón de la democracia estadounidense. ¿Adivinan su nombre en clave? La Facultad de Derecho.
Durante julio y agosto, Atta y Ramzi intercambiaron mensajes de correo electrónico con contenido aparentemente inocente: los candidatos han sido admitidos o no en una u otra facultad. En realidad, Atta informaba sobre el estado de la preparación de los distintos ataques. Ramzi rebuscó entre los archivos de su ordenador y me mostró un mensaje en la pantalla. «Este es de tres semanas antes del 11 de setiembre», dijo emocionado. Era la última ciberconversación entre Atta y Ramzi. Estaba en alemán, y se produjo en una sala de chat de Internet. Atta fingía ser un joven estadounidense que hablaba con Jenny, su novia alemana. «El primer semestre empieza dentro de tres semanas», me traduce Ramzi. «Nada ha cambiado. Todo está bien. Hay buenas señales e ideas estimulantes. Dos escuelas superiores y dos universidades. Todo marcha según el plan. Este verano seguramente será caliente. Me gustaría hablarte de algunos detalles. 19 certificados para estudios privados y cuatro exámenes. Recuerdos al profesor. Adiós.» En su lenguaje en clave, contiene la historia completa de los ataques. «Dos institutos y dos universidades»: las Torres Gemelas, el Pentágono y el Capitolio. «19 titulaciones» son 19 secuestradores, y «cuatro exámenes» son cuatro objetivos.
Lo que no decía era la fecha de los ataques. Este detalle crucial iba a llegar por un camino más intrincado. A las tres de la madrugada del miércoles 29 de agosto, sonó el teléfono en el piso de la segunda planta del 54 de la Marienstrasse de Hamburgo. Ramzi Binalshibh atendió. Le contestó una voz conocida en un dialecto egipcio: «Tengo un chiste y un rompecabezas», dijo el que llamaba.
«Dos bastones, un guión y un pastel con un rabo hacia abajo... ¿Qué es?» Todavía ligeramente aturdido, Ramzi no lo captó. Sin embargo, de pronto su mente se puso en marcha. Entendió el mensaje. Sentado frente a mí en el suelo de una casa segura en Karachi, Ramzi echó atrás la cabeza con una sonrisa de orgullo y dijo en tono grave: «El que llamaba no era otro que el hermano Abu Abdul Raman (Atta)». Pero ¿qué decía el rompecabezas? Bastones y pasteles con un guión... Yo estaba completamente perdido. Con un extraño arranque de malicia, Ramzi me explicó: «Dos bastones es el número 11, un guión es un guión, y un pastel con un rabo hacia abajo es el número nueve. Y ése era el día D: 11 de setiembre».


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