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"Estamos absolutamente satisfechos: hay cientos de miles de personas, probablemente medio millón", se felicitó Paul Nowak, uno de los responsables de la organización de la protesta.
Un portavoz de la confederación de sindicatos británicos, el Trades Union Congress, estimó que "entre 250.000 y 300.000 personas", respondieron a la convocatoria de manifestación. La policía no dio cifras.
Esta concentración es la más importante de cuantas celebradas en Londres desde la convocada contra la guerra en Irak, que reunió a un millón de personas en 2003, y constituye el movimiento de contestación social más importante desde hace décadas, en concreto, desde las movilizaciones que acabaron provocando la caída de la primera ministra Margaret Thatcher.
Los sindicatos han movilizado a sus tropas desde el pasado otoño boreal y fletaron cientos de autocares y decenas de trenes para favorecer el traslado de los manifestantes.
En la marcha participaron muchas familias, así como grupos de músicos y bailarines que dieron a la marcha un aire festivo.
La comitiva pasó por delante del Parlamento y de la residencia del primer ministro David Cameron, al que la muchedumbre abucheó, antes de llegar a Hyde Park, donde hubo una gran concentración con la que concluyó la protesta.
"Estoy aquí porque el gobierno quiere hacernos pagar para reparar lo que han hecho los banqueros. Está construyendo una sociedad donde los ricos lo son cada vez más y los más débiles están cada vez más desamparados", explicó Gillian Siddons, un jubilado de 60 años.
El gobierno ha impuesto al país un plan de austeridad sin precedentes, con la congelación del sueldo de los funcionarios y la eliminación de 300.000 empleos públicos.
"La gente concentrada hoy son los portavoces de la Gran Bretaña profunda", dijo el jefe de la oposición laborista, Ed Miliband, a modo de advertencia contra el gobierno.
El ejecutivo de Cameron justifica estas medidas por la mala situación económica heredada del anterior gobierno y para equilibrar las cuentas públicas.



