Indignados españoles culminaron cuatro días de movilización por su aniversario
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También los activistas que acampaban en la barcelonesa Plaza de Cataluña, donde el sábado instalaron un "ágora" de debate ciudadano en una ocupación tolerada por las autoridades locales, debían levantar el campamento el martes.
En Barcelona, esta última jornada se dedicó a protestar ante oficinas y sedes de bancos, acusados por los de manifestantes ser principal "culpable y beneficiaria de la crisis".
"Llevamos cuatro años de crisis, cuatro años de estafa, en los que (...) asistimos a un desmantelamiento de la sanidad y la educación pública, un trasvase de dinero público hacia entidades financieras privadas, un empobrecimiento de la población", fustigó en un comunicado la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
"Esto no es crisis, esto es una estafa" fue uno de los gritos más escuchados en la concentración barcelonesa, mayoritariamente de jóvenes pero en la que también hubo representes de la tercera edad. Tomás Romero, taxista jubilado de 66 años, es uno de uno de esos abuelos que suman su voz.
"Estamos junto a los jóvenes que luchan por aquellos derechos por los que nosotros peleamos contra el franquismo y luego conseguimos y ellos pueden perder", afirma.
Símbolo más visible de la crisis, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria española en 2008, unas 300.000 familias --españolas e inmigrantes-- fueron desahuciadas de sus hogares por impago en un país donde el desempleo afecta ya al 24,44% de la población activa.
Pese a la confiscación de la vivienda, estas personas mantienen las deudas con sus bancos, una práctica contra la cual luchan los "indignados" y sobre la que el gobierno aprobó un "código de buenas prácticas", voluntario para los bancos, que protege a los más desfavorecidos.




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