Irak: otro gobernador muerto en nuevo atentado terrorista
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Es el segundo gobernador asesinado en la semana y el quinto en lo que va de la guerra
La policía atribuyó el atentado al Ejército Mahdi, la milicia chiita del clérigo radical Moqtada Al Sadr, que estuvo envuelta en varios ataques contra sus rivales políticos.
Sadr, en tanto, afirmó que el gobierno del primer ministro chiita Nuri Al Maliki estaba cerca de su fin, perjudicado por su dependencia de Estados Unidos.
Maliki, por su parte, llegó a Damasco para su primera visita a la vecina Siria desde que asumió, el año pasado.
El arribo coincide con acusaciones de Estados Unidos de que Siria hace la vista gorda a la entrada de insurgentes islamistas a Irak.
"Discutiremos la situación de seguridad y sus desafíos, que importan no sólo a Irak sino a toda la región", dijo Maliki.
Tras el asesinato del gobernador, un toque de queda fue impuesto en Muthanna y se levantaron nuevos puestos de control caminero en distintos puntos de la provincia, considerada una de las más violentas de Irak, agregaron las fuentes.
El 11 de agosto pasado, el gobernador y el jefe de policía de otra provincia chiita del sur de Irak, Qadasiyah, también murieron en un ataque con bomba contra su convoy.
Ambos gobernadores pertenecían al Consejo Supremo Islámico de Irak (CSII), un influyente partido chiita cuyas fuerzas se enfrentan desde hace meses al Ejército Mehdi de Sadr por el control de las regiones petroleras en la sureña ciudad de Basora.
El premier Maliki dijo desde Damasco que ordenó investigar el "crimen" del gobernador y que castigará a los responsables.
Sadr, por su parte, predijo la pronta caída de Maliki, en una entrevista publicada por el diario británico The Independent.
Maliki "es una herramienta de los estadounidenses, y el pueblo lo sabe. Probablemente serán los estadounidenses quienes lo cambien cuando se den cuenta de su fracaso. No tenemos una democracia, sino una ocupación extranjera", señaló Sadr.
Al menos cinco gobernadores murieron en Irak, tres de ellos en 2005, pero supuestamente a manos de insurgentes sunnitas, no de milicias chiitas como en los casos de este año, que revelan que la violencia no sólo se da entre miembros de comunidades distintas.




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