Mahmud Ahmadinejad, el presidente ultraislamista de Irán,
acentuó ayer su retórica antiisraelí. En el pasado ya había
negado el Holocausto y llamado a «borrar del mapa» a ese
país.
Teherán (EFE, AFP, ANSA) - En medio de un recrudecimiento de la crisis nuclear entre Irán y Occidente y de sugestivos ejercicios navales norteamericanos en el golfo Pérsico, el presidente de ese país, Mahmud Ahmadinejad, advirtió ayer que «los pueblos de la zona arrancarán de raíz a la entidad sionista» ( Israel) si vuelve a atacar el Líbano, «como lo hizo el pasado verano» boreal.
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Paralelamente, el ejército iraní aseguró que terminará con la hegemonía militar de EE.UU. y sus «focos de amenaza».
Ahmadinejad, un ultraislamista que suele usar un tono agresivo con Israel y que ha negado el Holocausto, pronunció un discurso en Isfahán (centro) en el que exigió que «la entidad sionista ponga fin a las agresiones, asesinatos y genocidio contra el pueblo palestino».
«Esa entidad se equivoca si cree que con el asesinato de nuestros líderes y la represión del pueblo de Palestina pueda preparar una nueva guerra contra el Líbano», recalcó.
Irán no reconoce la existencia de Israel y es considerado el principal apoyo a varias organizaciones terroristas palestinas y libanesas, incluidas Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica) e Hizbollah (Partido de Dios).
«Si no frenan de forma rápida las prácticas de genocidio contra los palestinos, los pueblos de la región se vengarán de ustedes», insistió.
Hostil
Desde que fue elegido presidente de Irán, en 2005, Ahmadinejad se convirtió en el líder iraní más hostil de Israel, con sus dudas sobre el Holocausto y sus declaraciones sobre la necesidad de que el Estado judío sea «borrado del mapa».
La respuesta hebrea no tardó en llegar. El ministro israelí de Transporte, Shaul Mofaz, miembro del gabinete de seguridad, afirmó que Irán «juega con fuego» al proseguir con su programa nuclear sin tener en cuenta las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
«Irán juega con fuego al intentar ganar tiempo para culminar su programa nuclear», afirmó Mofaz, ex ministro de Defensa y ex jefe del Estado Mayor, a la radio militar. «La comunidad internacional debe presentar un frente unido ante el peligro iraní que amenaza al mundo, ajustando los tornillos de las sanciones contra ese país», agregó.
Según el ministro, si las presiones diplomáticas fracasan, «todas las opciones están abiertas y son posibles», en alusión a una eventual opción militar como la utilizada por Israel en 1981, cuando la aviación destruyó una central nuclear iraquí cerca de Bagdad.
En un informe publicado el miércoles, el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed El Baradei, indicó que Irán no ha suspendido sus actividades relacionadas con el enriquecimiento de uranio y que incluso las ha aumentado, contrariamente a las exigencias del Consejo de Seguridad de la ONU.
Bomba
Ayer El Baradei señaló que, debido a esos recientes progresos técnicos, Irán podría acceder a la bomba atómica en un plazo de «tres a ocho años».
Ahmadinejad reafirmó en su discurso que «no teme las amenazas», y que seguirá adelante con el programa nuclear, incluido el enriquecimiento de uranio, tras considerar que los iraníes «están cerca de su objetivo final».
Su declaración coincidió con un comunicado distribuido ayer por el mando general de las Fuerzas Armadas, que advierte que «los iraníes acabarán con la hegemonía de EE.UU. y sus aliados», y «pondrán fin a los focos de amenaza contra la República Islámica».
Ahmadinejad insistió, con su habitual tono desafiante, en que la República Islámica «no suspenderá en ningún momento sus actividades nucleares pacíficas», ya que «si nos paramos un solo minuto, los enemigos alcanzarían sus objetivos. Lo que quieren es someter a Irán y evitar que tenga acceso al uso pacífico de la tecnología nuclear, indicó.
En tanto, el presidente de EE.UU., George W. Bush, pidió ayer endurecer las sanciones contra Irán y afirmó que hablará con los líderes de Rusia y China para lograr aislar al régimen de Teherán. Por su parte, el nuevo canciller francés, Bernard Kouchner, estrenó la nueva política de acercamiento a la Casa Blanca al pronunciarse, en línea con Bush, a favor de la adopción «rápida» de nuevas sanciones.
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