Israel bombardeó Cana y dejó más de 50 muertos en su peor ofensiva
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"Cualquier alto el fuego tiene que tener circunstancias que sean aceptables para las partes", agregó tras haberse entrevistado con su homóloga israelí, Tzipi Livni y confirmar la anulación de su visita a Beirut, que nunca fue oficial pero que se daba como segura en su segunda misión a Oriente Medio en sólo una semana.
El papa Benedicto XVI también solicitó en el rezo del Angelus un alto el fuego "inmediato" para poder construir, "a través del diálogo, una cohabitación estable y duradera" en Oriente Medio".
"No hay lugar para discusiones en esta triste jornada", afirmó por su parte en Beirut el primer ministro libanés, Fuad Siniora, en una declaración televisada en la que denunció a "los criminales de guerra israelíes".
Siniora exigió "un alto el fuego inmediato e incondicional, así como una investigación internacional sobre las masacres israelíes en Líbano".
A las críticas oficiales se unieron las protestas de cientos de libaneses, que atacaron la "Casa de la ONU", sede de esta organización en Beirut, por el bombardeo israelí en Cana, donde murieron 51 civiles, 25 de los cuales niños, según un balance provisional de los servicios de socorro.
La rabia de los agresores, que lanzaron piedras contra la fachada del edifico, rompieron su puerta central entrado en el mismo y quemaron banderas de Estados Unidos, se calmó y se transformó en una manifestación multitudinaria contra el ataque a Cana.
Sobre éste, Israel lamentó "la muerte de civiles inocentes" pero precisó haber hecho "muchos llamamientos a los civiles para que abandonaran la zona de combate" antes del mismo.
Además, el Estado hebreo responsabilizó al movimiento chiita de las decenas de muertos, pues "Hezbolá utiliza la aldea de Cana como base de los disparos de cohetes contra Israel".
Olmert reiteró las acusaciones contra Hezbolá, que el 12 de julio capturó a dos militares israelíes en un ataque en la frontera libanesa-israelí, desencadenado así la actual ofensiva hebrea en Líbano.
Según el dirigente israelí, Cana era un refugio "para los que lanzan cohetes" contra Israel.
El poblado, tras un bombardeo de dos horas tanto por mar, tierra y aire, quedó convertido en escombros.
Las bombas israelíes centraron tres zonas -la entrada de la localidad, el centro y uno de sus lados-, donde aún se encuentran atrapadas muchas víctimas civiles que en las próximas horas podrían hacer aumentar el balance de muertos.
Cana ya vivió una tragedia parecida el 18 de abril de 1996, cuando un bombardeo israelí que tenía como objetivo las milicias de Hezbolá mató a 105 civiles.
En aquella ocasión, la condena internacional obligó a Israel a suspender sus acciones contra el movimiento chiita, mientras que ahora Olmert ha reiterado en más de una ocasión que el ejército no cesará de atacar hasta que acabe con Hezbolá y le impida, así, disparar cohetes o misiles contra territorio israelí.
Los milicianos chiitas, por su parte, dispararon este domingo unos 15 cohetes contra el norte de Israel, según el ejército israelí, sin causar heridos.
El sábado, el líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, amenazó a Israel con tomar como blanco las ciudades del centro del país, donde 18 civiles murieron por los casi 1.800 cohetes disparados por los chiitas libaneses desde el 12 de julio.
Asimismo, otros cinco civiles libaneses, todos miembros de una familia y dos de ellos niños, murieron en un ataque aéreo israelí que destruyó su casa en la localidad de Yarún también en el sur de Líbano.
Además, bombas israelíes cayeron en la noche del sábado al domingo en la carretera entre Beirut y Damasco, cerrando de hecho la frontera entre Líbano y Siria, con el objetivo, según el ejército hebreo, de impedir que Hezbolá reciba armas desde Siria.
Paralelamente, las tropas israelíes llevan a cabo desde el 28 de junio una operación en la franja de Gaza para rescatar a un soldado capturado por grupos armados palestinos en la que hasta el momento han muerto 147 palestinos.




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