Jerusalén (ANSA, EFE, AFP) - Las medidas que el ejército de Israel tomó para evitar una anunciada nueva ola de atentados no impidieron que los extremistas palestinos realizaran tres nuevos ataques suicidas, que tuvieron como objetivo a militares y colonos, confirmando la hipótesis manejada por las fuerzas de seguridad de ese país de que los terroristas palestinos cambiaron la estrategia de atacar a blancos indiscriminados, para centrarse en sectores específicos y quebrar así el sentimiento de unidad entre los israelíes.
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«Hasta ahora, los ataques en el centro del país crearon un sentimiento colectivo de unidad (en Israel), una sensación de que la amenaza palestina era igual en todas partes», manifestó un alto funcionario de inteligencia. El mismo mencionó informes del Shin Bet que indican que los ataques «vuelven a los territorios (por ende, las colonias)».
En los dieciséis meses de Intifada, los ataques en fiestas, medios de transporte y en la vía pública en general, generaron un incremento de la ira entre la sociedad israelí y en consecuencia, un apoyo creciente a operaciones de revancha sin demasiado control contra poblados palestinos.
En cambio, la reducción del objetivo a militares y colonos permitiría que proliferaran voces más pacifistas, como de hecho viene ocurriendo en las últimas semanas. La policía israelí pudo frustrar más de cinco atentados en los últimos días, que en su mayoría tenían como objetivo campamentos militares. Ayer hubo tres hechos violentos. El más grave fue una emboscada en el paso de Kissufim, que provocó la muerte de tres israelíes -dos militares y una colona-y del suicida palestino, además de dos soldados heridos. Anoche, un palestino fue ultimado y otro herido, tras entrar armados en los invernaderos de la colonia de Moraq, en Gaza. La escalada de violencia había comenzado cuando al menos dos personas -un agente de la Guardia de Frontera israelí y un terrorista de las brigadas Al Aqsa -murieron en Jerusalén por la explosión de un coche bomba, cerca de un puesto militar cercano al Monte de los Olivos.
Al cierre de esta edición se producían bombardeos de la aviación israelí contra edificios de seguridad en Ramallah, la ciudad en la que está confinado Yasser Arafat.
Ayer los máximos jefes, tanto israelíes como palestinos habían intentado contemporizar. El primer ministro Ariel Sharon, indicó que «no tengo intención de liquidar a la Autoridad Palestina (AP), pero quiero golpear de la manera más dura a las organizaciones terroristas».
En tanto que Arafat había declarado al diario inglés «The Mirror» que puede «vivir como vecinos de igual a igual con Israel». Mientras, el encargado israelí de Exteriores, Shimon Peres, advirtió que «Israel no tiene derecho moral de expulsar y oprimir a los palestinos». Jossef Lapid, legislador del centrista Shinui, estimó que «hasta Don Quijote es más realista que Peres».
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