Ciudad del Vaticano (ANSA, AFP) - El papa Juan Pablo II pudo reaparecer ayer en mejores condiciones de salud durante la audiencia general en la plaza San Pedro, pero el deterioro físico y su rostro afligido hablaron por sí solos de un estado que no deja de ser debilitado. El Pontífice volvió a tener que interrumpir su discurso para ser asistido, como le había ocurrido en su reciente gira por Eslovaquia.
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El Papa confirmó además que, «si Dios quiere», visitará el santuario mariano de Pompeya el 7 de octubre próximo, mientras fuentes cercanas a su círculo íntimo aseguran que nunca renunciará. Además, el Vaticano confirmó la agenda de las próximas semanas, que culminará con el 25 aniversario de su designación, el 16 de octubre, y la beatificación, tres días después, de la Madre Teresa de Calcuta.
El Papa, de 83 años, víctima de Parkinson y con otras acechanzas de salud, no había podido asistir a una ceremonia similar a la de ayer el miércoles anterior, por un cuadro definido como gástrico.
Sin embargo, el Papa se mostró ante la multitud y saludó con amplios gestos del brazo derecho a las 12 mil personas reunidas, llegó en el papamóvil hasta el atrio de la basílica y pronunció su discurso general con dos interrupciones, para tomar aire y aclarar la voz.
Sus pulmones y el corazón son los órganos de mayor riesgo, según escribió ayer el experto «vaticanista» Marco Politti, del diario romano «La Repubblica». El otro elemento de vulnerabilidad está representado por la respiración, cada vez más fatigosa. Encorvado como se encuentra, el Pontífice mueve poco el diafragma y eso le provoca «disnea», es decir, la respiración agravada.
Con la edad, afirman versiones insistentes, Juan Pablo II podría haber desarrollado el llamado «enfisema senil», una alteración pulmonar que disminuye la oxigenación de la sangre. El Papa «podría aceptar» el premio Nobel de la Paz, en una actitud inédita para un Pontífice, sostuvo Vittorio Messori al diario italiano «Corriere della Sera». Messori es autor de la única entrevista concedida por Juan Pablo II en su pontificado y escribió juntamente con el Papa el libro titulado «Cruzando el umbral de la esperanza». Siempre según Messori, en otras épocas habría sido impensable que el obispo de Roma aceptara un premio marcado por «el protestantismo, la masonería y el laicismo», pero Juan Pablo II, al contrario de sus predecesores, quiere «expresar hasta lo último solidaridad a todo lo que en la vida de la humanidad, es bueno y digno de elogio».
«Con un cuadro clínico aun más comprometido, la decisión de permanecer en el timón de la Iglesia sigue siendo irrevocable», no habrá abandonos, «quien sostiene lo contrario será desmentido por los hechos», refirmó Messori.
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