Washington - El plan de ayuda del Gobierno de Estados Unidos para proteger a la economía de la crisis del coronavirus fue promocionado como una ráfaga de dinero a discreción para individuos y empresas con un paquete de 22 billones de dólares, pero hasta el momento el programa está encallado, ya que el efectivo no llega a sus destinatarios.
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Desde fallos tecnológicos hasta la confusión en torno a la letra chica de las medidas, los retrasos en los pagos van en aumento. La confusa respuesta del Gobierno federal de EE.UU. amenaza con profundizar y prolongar una recesión ya histórica por lo súbito de su irrupción.
Los estados del país tienen problemas para procesar una montaña histórica de solicitudes de subsidios por desempleo con una tecnología obsoleta. Las grandes empresas, incluyendo las más afectadas por la imposición de medidas de “distanciamiento social”, siguen totalmente a ciegas sobre los detalles de los préstamos prometidos. Las pequeñas empresas que necesitadas de efectivo de forma desesperada se cuentan por millones, mientras que los bancos todavía no han contado con suficientes días para tramitar el papeleo necesario y poner en marcha un programa de préstamos.
La Reserva Federal, que se apresuró a poner un parachoques a amplios sectores del sistema financiero y a las grandes empresas mediante una campaña de compra de deuda indefinida, aún no completó su prometido plan “Main Street” de una red de seguridad de crédito integral.
Para empeorar las cosas, los 2,3 billones de dólares en ayuda que fueron aprobados por el Congreso a finales del mes pasado no son ni de cerca suficientes, advierten las empresas. Cada día que pasa sin que el dinero del Estado federal llegue a los ciudadanos supone “un daño innecesario para las empresas y los hogares en todo EE.UU.”, dijo Gregory Daco, economista jefe de Oxford Economics.



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