La caída de la delfina de Merkel empuja al abismo al Gobierno de coalición

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Annegret Kramp-Karrenbauer renunció al liderazgo de los democristianos tras ser acusada de no contener a sus correligionarios. La interna para nombrar a un nuevo sucesor dentro del partido puede llevar a una salida anticipada de la canciller.

Berlín - Alemania se hundió un poco más ayer en la crisis política provocada por la extrema derecha, con la decisión de la sucesora designada de Angela Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, de renunciar a presentarse a canciller.

El ministro de Economía, Peter Altmaier, muy cercano a la mandataria, habló de una “situación extremadamente grave” para la oficialista Unión Demócrata Cristiana (CDU).

“Nuestro futuro está en juego”, aseguró, mientras que la líder ecologista habló de una “situación dramática” para el país.

La semana pasada, la alianza inédita entre la derecha moderada y la extrema derecha del partido Alternativa para Alemania (AFD) para dirigir la región de Turingia provocó un sismo político. El escándalo rompió un tabú en la historia política alemana de posguerra: el rechazo por parte de los partidos tradicionales de colaborar con la extrema derecha.

Annegret Kramp-Karrenbauer, conocida como AKK, llevaba varios días debilitada y criticada por no controlar su partido, hasta que finalmente decidió asumir su responsabilidad.

Ayer anunció que no aspirará a suceder a Angela Merkel en las elecciones previstas como más tarde a finales de 2021 y abandonará su puesto de presidenta partidaria dentro de algunos meses, cuando encuentre sucesor.

AKK justificó su decisión por la tentación de parte de su partido de colaborar con el AfD, conocido por sus posiciones contra los inmigrantes y contra lo que califican de élites.

Sí quiere conservar en cambio su puesto de actual ministra de Defensa. “Una parte de la CDU tiene una relación no clarificada con la AfD”, dijo en una reunión interna, según un participante.

La CDU está dividida entre los partidarios y los adversarios de colaborar más estrechamente con la AfD, sobre todo en los estados del este que pertenecían a Alemania comunista y donde la extrema derecha es muy potente y complica la formación de mayorías regionales.

“Me temo que lo que pasó en Turingia pase en pocos años a nivel nacional”, dijo un miembro del CDU, Wolfgang Bosbach, sobre la alianza entre la derecha moderada y radical.

La salida de AKK supone un duro revés para Angela Merkel, que la había designado como sucesora por su misma línea moderada y a pesar de algunos desacuerdos políticos.

“Es posible que el fin de la canciller esté cerca”, afirmó el periódico Süddeutsche Zeitung.

El último mandato de Merkel, que empezó en 2018, se ha visto afectado por varias crisis por la fragilidad de su coalición con los socialdemócratas o las divisiones dentro de su propia agrupación.

Según el periódico “la cuestión de saber cuánto tiempo se quedará todavía en el puesto dependerá de quién sea nombrado presidente de la CDU y candidato a la cancillería”.

Si en los próximos meses llegara a la cabeza de la CDU un rival político fuerte, sería difícil para Merkel mantenerse en el cargo.

La salida anunciada de AKK deja el camino libre a su principal rival, Friedrich Merz, partidario de dar un giro a la derecha para recuperar a los electores que se fueron al AfD. Merz perdió por muy poco la presidencia del partido en diciembre de 2018.

Recientemente Merz renunció a su polémico trabajo para un fondo de inversión y dijo estar disponible. Además tiene el apoyo de gran parte del ala derecha de la CDU, en pie de guerra con el centrismo de Merkel que ha dominado el partido en los últimos años. “Tengo las sensación de que no durará mucho, pronto habrá elecciones”, dijo el exministro socialdemócrata Sigmar Gabriel.

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