Washington - Durante meses, amigos y colegas dijeron que el director de la CIA, George Tenet, estaba preparando su renuncia. Pero, desde la apertura de hostilidades entre la CIA y la Casa Blanca después de la guerra en Irak, Tenet parece a prueba de balas, aislado de los esfuerzos sutiles por parte de los belicosos en el gobierno de Bush para obligarlo a irse. Cada nuevo error político por parte de la Casa Blanca sobre la cuestión de cómo la información de espionaje sobre las armas de Irak, parece atrincherarlo más profundamente en las oficinas centrales de la CIA.
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La Casa Blanca y la CIA han estado involucradas en una guerra burocrática abierta durante más de un año. Esta es una guerra que veteranos de la CIA han visto librarse muchas veces antes. Invariablemente, el resultado es que la CIA pierde. Un caso clásico fue el análisis que hizo la CIA de la amenaza estratégica que representaba la Unión Soviética a principios de los '80. Con William J. Casey al frente de la CIA, la presión sobre los analistas para que se acoplaran a la visión del gobierno de Reagan de la amenaza soviética era intensa.
Para entonces, la CIA había reconocido que había subestimado el desarrollo de misiles soviéticos a mediados de los años '70 y había revisado sus estimaciones al alza. Sólo en retrospectiva se volvió claro para la agencia que había errado el blanco de nuevo, esta vez hacia arriba. Richard J. Kerr, ex subdirector de la CIA a quien Tenet reclutó para realizar una revisión interna de la información de inteligencia sobre Irak previa a la guerra, ha dicho que ve asombrosas similitudes entre las estimaciones de los misiles balísticos soviéticos y las concernientes a los programas de armas de Irak. En ambos casos, los analistas fueron obstaculizados por una falta de información fresca y precisa.
Antes de la primera guerra del Golfo, la CIA no creía que Irak estuviera cerca de construir una bomba nuclear. Pero cuando inspectores de la ONU entraron después de la guerra y descubrieron que Irak, de hecho, había estado cerca de desarrollar armas nucleares, la CIA quedó asombrada. El descubrimiento hizo que los analistas de la agencia fueran mucho más belicosos y estuvieran mucho más dispuestos a creer lo peor. Su fracaso previo a la guerra para descubrir el programa nuclear de Irak regresaría para asolar a la CIA, dañando su credibilidad ante altos funcionarios que regresaron al poder bajo el gobierno de GeorgeW. Bush. Después de que los inspectores de armas de la ONU se retiraron en 1998, regresando justo antes de la segunda guerra del Golfo, la calidad y cantidad de la información disponible para la CIA sobre las armas de Irak declinó drásticamente. En ausencia de información nueva, los analistas de la agencia continuaron siguiendo las líneas de tendencia previas a 1998 que habían establecido para el programa de armas de Irak. Eso significó una amenaza aun más ominosa. No iban a ser engañados por Saddam Hussein una segunda vez. En esta ocasión, llegaron a creer que el fracaso para encontrar las armas sólo significaba que Saddam Hussein se había vuelto más hábil en ocultarlas.
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