12 de febrero 2008 - 00:00

La construcción del mito

La construcción del mito
Caracas - La popularidad de Hugo Chávez se construyó y se sigue construyendo en el mito. Y no es sólo en la memoria y hazañas del libertador Simón Bolívar sobre quien el actual presidente venezolano cimentó su proyección bolivariana para un socialismo del siglo XXI. Hugo Chávez, muy hábilmente, convocó para su proyecto político a otras dos figuras legendarias del imaginario colectivo venezolano. Una es Francisco de Miranda, el revolucionario contemporáneo de Bolívar. La otra es Maisanta, un héroe de la revolución campesina de los llanos venezolanos (de la zona de Barinas, la tierra natal de Chávez) que vio frustrada su gesta guerrillera y antioligárquica de los primeros años del siglo XX por la aparición de otra revolución, más arrolladora y permanente: el petróleo.

Maisanta, el nombre con que se conoce a Pedro Pérez Delgado, no es sólo uno de los últimos llaneros de a caballo, sino además el bisabuelo de Hugo Chávez. Personaje difuso de la historia, fue rescatado del olvido por su descendiente, y «esta indefinición facilitó su deformación», dice Modesto Emilio Guerrero, uno de los tantos biógrafos de Chávez (¿Quien inventó a Chávez?, 2007, Ediciones B).

  • Fervor

  • El historiador venezolano Agustín Blanco Muñoz recuerda una escena del tramo final de la campaña presidencial de Chávez en 1998. Le estaba haciendo la entrevista final para su libro «Habla el Comandante Chávez» y se encontraban en Carabobo. «Ese día vi cómo se le acercaba gente que, además de mirarlo como a un Dios, lo tocaba y se persignaba. Le pregunté si las manifestaciones de fervor siempre adquirían ese carácter. Y me contestó: 'Ahorita sí'. Hubo un tiempo, en el 96, en que se enfrió un poco la vaina. Pero ahora el fervor lo veo igual o más que cuando salimos de la cárcel (Chávez estuvo preso dos años, luegode su frustrada asonada contra el presidente Carlos Andrés Pérez)». Cuando Blanco Muñoz le preguntó a Chávez a qué atribuía ese fervor, éste le respondió: «Eso puede ser producto de esa carga de mesianismo, de creencia ciega». El autor de «Habla el Comandante» cree que «para mantener viva `la vaina de la popularidad', Chávez sabe utilizar y manipular el fervor». La cuestión es saber si no está perdiendo los reflejos de rápida reacción.

    El fervor por Chávez ya tuvo varias caídas. El descenso más virulento (entre los que se midieron y finalmente comunicaron, ya que en Venezuela, como por estos pagos, los encuestadores cierran su boca cuando los números son adversos al líder) se dio en 2002, con la crisis que trajo el paro petrolero. Chávez, rápido de reflejos, dio vuelta la taba y lanzó las misiones, que le garantizaron el triunfo en el revocatorio de 2004. Hoy, en cambio, todavía no reaccionó frente a la derrota del 2 de diciembre y la desprolijidad que están mostrando justamente, esas misiones. Pero quienes lo conocen bien, están esperando que saque algún as de la manga (ya se está hablando de un «paquete económico», con devaluación del bolívar). Por el momento, ha perdido la magia elemental.

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