El ansia de cambio es una de las principales cartas de Barack
Obama para los comicios de hoy. Sin embargo, en política
exterior, al menos en lo que se refiere a Latinoamérica,
no son pocos los analistas que esperan pocas rupturas
con respecto a lo conocido en los últimos años.
Nueva York (enviado especial) - Jaime Daremblum es director del Centro de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute, uno de los think tanks de línea conservadora más influyentes de Washington. Con décadas en Estados Unidos como diplomático de Costa Rica, funcionario del FMI y docente universitario, Daremblum asegura que «nunca había visto una competencia electoral tan tensa como la actual». A la hora de enumerar las que presume como prioridades de la política exterior del futuro presidente, sea Barack Obama o John McCain, América latina se ubica última.
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Periodista: ¿Se pueden esperar diferencias sustanciales entre un gobierno demócrata y uno republicano en relación con América latina?
Jaime Daremblum: Habría una diferencia fundamental, que es que McCain ha sido un verdadero apóstol del libre comercio. Obama, en cambio, lo ha demonizado, en línea con el pensamiento más proteccionista que habla de pérdida de empleos. En verdad, el candidato demócrata menciona tantas trabas a los tratados de tipo laboral o ambiental, superiores a las que se aplican en Estados Unidos, que impedirían la firma de nuevos tratados.
P.: ¿Cuáles van a ser las prioridades de la futura administración para la región?
J.D.: Con esta revuelta financiera y económica se va a llegar a un margen de maniobra muy limitado. La crisis del empleo va a marcar las decisiones y, con un Congreso tan proteccionista por la mayoría demócrata, que se va a agudizar en esta elección, la política exterior hacia América latina se va a orientar a administrar ciertos conflictos que vayan surgiendo.
P.: Obama ha dado señales en cuanto a que, si gana, va a quitarles tensión a algunas situaciones conflictivas con América latina. ¿Será realmente así?
J.D.: La política la manejaría el Departamento de Estado y sería mucho más de lo mismo que vimos hasta ahora, no habría nada sorprendente ni fuera de lo común.
P.: ¿Esa continuidad incluye lo referente a Evo Morales?
J.D.: Evo Morales ya dijo que va a recomenzar las cosas una vez que Obama llegue a la presidencia. Lo mismo ha dicho Hugo Chávez. Será una cuestión de matiz, porque todo va a estar puesto en la economía. Aquí, las prioridades de política exterior son Irak, Afganistán, Medio Oriente, la OTAN, Rusia, el terrorismo y después vendría América latina. Salvo que a Chávez se le ocurra hacer más locuras de las que hace y comience a comprar misiles a Rusia, por ejemplo.
P.: ¿El embargo a Cuba, el envío de remesas y las visitas a la isla podrían flexibilizarse en una administración demócrata?
J.D.: Podría ser, aunque Obama se ha cuidado mucho de hablar al respecto. El peso electoral de la comunidad cubana en Florida, aunque está disminuyendo, sigue siendo grande. En lo personal, creo que no tiene ningún sentido un embargo comercial.
P.: ¿Cómo es visto desde Washington el rumbo del gobierno de Cristina de Kirchner?
J.D.: Los Kirchner han tratado de recurrir a un realismo mágico. No veo de su parte un proyecto económico serio. Es y ha sido un proyecto politiquero. En lo táctico, les cae muy bien Chávez, que les compra bonos, lo que es importante, aunque un poco caros. No veo nada bueno en el rumbo argentino.
P.: El gobierno argentino sostiene que el país creció a tasas chinas pese a todos los pronósticos de Wall Street o de think tanks de Washington. La Presidente plantea dos paradigmas antagónicos.
J.D.: En el momento en que los precios de las exportaciones cayeron, se ha venido abajo el modelo argentino. Van a pasar muchos años para que las cosas vuelvan a estar florecientes allí.
P.: ¿Qué es lo mejor que George W. Bush le deja a su sucesor?
J.D.: El empuje a los acuerdos de libre comercio. Con excepción de Ronald Reagan, ninguno se atrevió a tanto, con tratados bilaterales que generan mucha confianza a los inversores. Los latinoamericanos tenemos una deuda con Bush, porque nos permitió relacionarnos con la economía más grande del mundo.
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