La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos reconfigura el equilibrio de poder interno y fortalece al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como actor central, tras la desestabilización de la cúpula dirigente y en medio de una transición marcada por tensiones políticas y militares.
La guerra en Medio Oriente reconfigura el poder en Irán: la Guardia Revolucionaria concentra el control del régimen
La ofensiva de Estados Unidos e Israel debilitó la cúpula iraní y aceleró el ascenso de la Guardia Revolucionaria, que amplía su poder político, militar y económico.
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La Guardia Revolucionaria gana peso político y militar tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel.
El conflicto no solo impacta en el plano internacional, sino que también redefine la estructura de poder dentro de la República Islámica. Analistas coinciden en que la Guardia Revolucionaria (creada en 1979 por el ayatolá Ruhollah Jomeini) emerge como el principal beneficiado de la crisis.
Un poder que crece en medio de la guerra
Desde su creación tras la caída del sah, la Guardia tuvo como misión proteger la revolución tanto de amenazas internas como externas. Con el tiempo, su influencia se expandió más allá del plano militar, alcanzando áreas clave de la economía y la política iraní.
Según el investigador Farzan Sabet, “su fuerza ha crecido durante décadas y se ha convertido en un actor clave en varios dominios, sobre todo en la seguridad y, en menor medida, en la economía”.
El escenario actual podría profundizar ese rol. “En el Irán de la era pos Alí Jameneí, es probable que ahora sea también, y de forma más manifiesta, el actor político clave. La rápida promoción de Mojtaba Jamenei como nuevo líder, de quien se dice que está estrechamente alineado con las visiones e intereses de la Guardia Revolucionaria, podría ser una ilustración de esto”, agregó.
La transición tras la muerte de Alí Jameneí
La muerte del líder supremo Alí Jameneí en un bombardeo israelí al inicio del conflicto abrió una etapa de incertidumbre en Irán. Sin embargo, lejos de debilitarse, la estructura de poder parece haber encontrado en la Guardia un eje de estabilidad.
Su posible sucesor, Mojtaba Jameneí, mantendría una relación estrecha con este cuerpo, lo que podría consolidar aún más su peso en la toma de decisiones.
Mientras tanto, la organización continúa difundiendo mensajes en los que reivindica ataques contra Israel y el bloqueo del estrecho de Ormuz, además de advertir a la población contra cualquier colaboración con potencias extranjeras.
Un imperio económico y redes de influencia
Conocida como “Sepah” o “Pasdaran”, la Guardia construyó un entramado económico propio, especialmente en el sector energético, en parte para sortear sanciones internacionales.
A pesar de la muerte de comandantes como Hosein Salami y Mohammad Pakpur, sus operaciones continúan. El nombre de Ahmad Vahidi surge como posible nuevo jefe, aunque su designación aún no fue formalizada.
El académico Arash Azizi advierte que “el CGRI no es un organismo centralizado, por lo que no se puede hablar realmente de que controlen el país como una organización unificada”. Sin embargo, remarca que “las redes y círculos de la Guardia se han afianzado y ahora controlan gran parte del poder económico y militar en Irán”.
Figuras clave y objetivos en la guerra
Entre los dirigentes con peso dentro de esta estructura aparece Mohammad Baqer Qalibaf, excomandante de la Guardia, quien cumple un rol relevante en el actual contexto bélico.
Aun así, el protagonismo del cuerpo también lo convierte en blanco de ataques. Según Sanam Vakil, las ofensivas de Israel y Estados Unidos ya han impactado en instalaciones militares, sistemas de misiles e infraestructura vinculada a la Guardia.
En este escenario, la guerra no solo redefine el mapa geopolítico de Medio Oriente, sino que también consolida a la Guardia Revolucionaria como el núcleo del poder en Irán, en un contexto de transición política y creciente militarización del régimen.






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