12 de septiembre 2003 - 00:00

La guerra que el islamofascismo comenzó en 1979

Wasington - La guerra no empezó el 11 de setiembre de 2001. Empezó 22 años antes. El 4 de noviembre de 1979, radicales islámicos atacaron por sorpresa la embajada de Estados Unidos en Teherán y, con el respaldo del Ayatollah Khomeini, procedieron a detener a 52 ciudadanos estadounidenses como rehenes durante los siguientes 15 meses.

La respuesta de la administración Carter -un embargo sobre el petróleo iraní, rompimiento de las relaciones diplomáticas, aunado a un fallido intento por rescatarlos al siguiente abril-fue endeble e inepta. Fue también el inicio de un patrón que se repetiría una y otra vez en los años y administraciones que le siguieron. Cuando ciudadanos de Estados Unidos que vivían en Líbano fueron secuestrados -y algunos de ellos torturados y asesinados-por terroristas iraníes y sirios entre 1982 y 1991, Estados Unidos reaccionó no con una terrible y rápida espada sino con un patético plan de armas por rehenes como pago de rescate. Cuando la masiva explosión de un coche bomba en la embajada estadounidense en Beirut mató a 63 personas en abril de 1983, y otro atentado en octubre dio muerte a 214 infantes de Marina en sus barracas, la entonces administración Reagan prometió venganza, pero al final meramente retiró las tropas estadounidenses de Líbano.

Atrocidad tras atrocidad, pero la furia de Estados Unidos nunca se despertó. Los terroristas nos atacaron una y otra vez, pero Washington tomó represalias apenas con gestos desganados y retórica vacía. No, el combate al terrorismo no empezó el 11 de setiembre. Lo que ocurrió el 11 de setiembre es que Estados Unidos empezó a devolver el ataque.Y el contraataque fue lanzado no desde Washington sino desde los cielos por encima del sudeste de Pennsylvania, cuando los heroicos pasajeros del vuelo 93 de United se alzaron en contra de los terroristas, y abortaron el cuarto ataque.

• Cambios

En los dos años que han transcurrido desde que cayeron en vuelo, muchos aspectos han cambiado en el combate al terror. El régimen talibán que albergaba a la red Al-Qaeda en Afganistán ya no existe, y miles de terroristas han sido capturados o muertos. Osama bin Laden está prófugo, mermada su capacidad para sembrar el terror. Saddam Hussein, aliado clave del terrorismo, ya fue derrocado, y Estados Unidos está reconstruyendo Irak para convertirlo en una democracia estable. Lo más importante de todo, los ojos estadounidenses se han abierto a la amenaza proveniente del islamo fascismo, la ideología totalitaria que ha sucedido al nazismo y el comunismo como la amenaza más prominente a las normas de la civilización. El presidente de Estados Unidos comprende, como lo dijo previamente en la semana, «que los actos terroristas no son provocados por el uso de la fuerza; son incitados por la percepción de una debilidad». Con todo, si se ha logrado mucho en el combate al terrorismo, los peores patrocinadores del terror, pese a todo, siguen intactos. Hemos llevado la lucha a los terroristas, pero aún no hemos acometido a los Estados que constituyen su apoyo y refugio más importantes: Irán, Siria y Arabia Saudita. Los gobiernos de esos tres países, más que cualquier otro, fueron responsables por los atentados del 11 de setiembre y de los 22 años de terrorismo que le precedieron. Hasta que sean derrocados o transformados, la guerra en contra de nosotros continuará.

Dejá tu comentario

Te puede interesar